Que fastidio levantarse a mitad de la noche de un viernes cuando en siete horas debes ir al colegio. Y eso mismo estoy haciendo en este momento.
Hacía solo minutos, había recibido un mensaje de Matt diciéndome que estaba abajo esperando por mí. Le había mandado un texto pidiéndole explicaciones de porque estaría a media noche fuera de mi edificio, pero al no contestar, me vi obligada a bajar y sacarme la duda.
Me pongo las pantuflas, y tomo el primer abrigo que encuentro. Luego, salgo del departamento. No me molesté en ser silenciosa ya que mamá se había quedado a pasar la noche en casa de John.
Espero impaciente y entre bostezos el elevador, aunque no tardó en subir hasta nuestro piso, ya que dudo que alguien más este despierto en todo el edificio. Cuando llega, entro en él y gracias a los espejos que había en todas las paredes del ascensor noté que llevaba puesto un pijama de conejitos. Que adulta Madie.
Ya en la recepción, logré ver a Matt a través de las puertas de vidrio. Estaba vestido con gorrito y guantes y llevaba una bolsita color madera. Pobre, debía de estarse congelando. Caminé hacía la puerta, inserté la llave y abrí para que pudiera pasar. Al verme, sonría con diversión. Yo... no. Era la persona menos simpática del universo ahora mismo.
-¿Qué haces aquí? –Pregunté tras dar un largo bostezo.
-¡Feliz día de San Valentín!- Dijo estrechando mi flacucho cuerpo en un fuerte abrazo. Luego busco mis labios pero corrí mi cara dejándolo solo con mi mejilla. ¡Ni siquiera me había lavado los dientes!-Ya son las doce.
-Si, y dentro de siete horas cuando estemos en el instituto también seguirá siendo San Valentin y podrás saludarme allí –Dije sin rastros de buen humor.
-Prometiste pasar todo el día conmigo.
Demonios. Cuando me hizo prometerle aquello, no creí que fuese de un modo tan literal. La única cosa con la que quería empezar el día era con mi cama y sus suaves frazadas.
-¿Qué traes en la bolsa? –Pregunté señalando la bolsita que traía en una mano.
-Chocolates. ¿No pretenderás recibirme solo en la recepción del edificio, verdad?
Realmente lo hacía. Había decidido hacerlo sentir tan incómodo que terminase yéndose, pero no funcionó. Ni la peor de mis caras basto para que pusiera sus patitas en la calle.
Resignada, fuimos hacia el elevador y lo invité a pasar ya que mi madre no se hallaba en casa. Nos quitamos los abrigos y caminamos hacia mi dormitorio en silencio. Allí, nos las arreglamos para entrar ambos en mi cama y comimos parte de los chocolates que trajo.
Había envoltorios de todos los colores y tamaño dentro de aquella bolsa. No me sorprendería que se hubiera gastado cien dólares solo en chocolates.
Una vez acostados juntos, el mal humor se fue. Reimos y nos besuqueamos un rato hasta que decidimos dejar de comer. De lo contrario, amanecería llena de granitos por todo el rostro.
No hubo sexo. Solo dormimos abrazados. El respirando en mi nuca y dando tiernos besos sobre mi cabello hasta que me sumergí en algún sueño.
-Arriba bebé – Escuché susurrar a Matt en mi oído, despues de quien sabe cuanto.
Luego volteé y lo encontré tumbado a mi lado mirándome como la cosa más bella que hubiera visto alguna vez. Estaba a punto de decirle 'Buen día', cuando recordé que aún no había cepillado mis dientes y seguramente tenía un espantoso aliento. Salté de la cama y el abrió los ojos sorprendido por mi actitud.
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Quédate cerca
Fiksi RemajaMi vida era tranquila. Misma rutina todos los días. Mismas amistades de siempre. Mismo trabajo. No era lo que se llama una chica popular en el instituto ni mucho menos, pasaba desapercibida muy fácilmente y por eso, cuando el chico lindo y codiciado...
