XXXIV. Taehyung

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Como de costumbre, cuando estoy con Hoseok, todo lo que me rodea enmudece; se apaga como si no estuviera allí para empezar. No me preocupo por la fiesta que seguramente sigue en marcha en el otro extremo del castillo. No pienso en que estamos a la intemperie, y aunque me han asegurado que nadie viene a este jardín, técnicamente podrían encontrarnos en cualquier momento. Y definitivamente no me concentro en cómo se supone que debo matar a este hombre.

Su beso abruma cada uno de mis sentidos y me sumerjo en él, ahogándome en su esencia, esperando que el ardor de su tacto pueda borrar la huella de los anteriores.

Gime, su palma se estrecha en mi nuca y su otra mano se desliza por mi costado. Su tacto empapa a través del fino material de mi ropa y de la camisa que llevo debajo, lo que hace que se me ponga la piel de gallina en los brazos. Llega a la parte exterior de mi muslo, apretando la tela con sus dedos mientras sus labios se separan, rozando la extensión de mi garganta.

Inclino la cabeza para facilitarle el acceso, aunque en algún lugar de lo más recóndito de mi mente sé que no debería hacerlo. Pero me gusta la sensación de sus labios apretados contra mi piel.

—No deberíamos hacer esto aquí —le digo a la fuerza.

—No estoy de acuerdo.

Sus dientes me pellizcan la clavícula, sus dedos se deslizan por debajo de mi prenda, y un cosquilleo me recorre el vientre y se acumula como sangre entre mis piernas.

—Alguien podría...

Esta vez me muerde el hombro.

—A-Alguien podría ver —tartamudeo.

—Mataré a cualquiera que lo haga.

Las palabras que acaba de decir tan despreocupadamente deberían hacerme reflexionar, pero no lo hacen. Me excitan más.

Es embriagador tener a un hombre dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de seguir tocándote

Aun así, los riesgos superan cualquier recompensa momentánea, así que me empujo contra su pecho y me alejo, levantando la mano para alisar mi cabello.

—Y tu hermano me mataría si se entera.

Hoseok exhala un profundo suspiro, con la mandíbula rechinando. Se levanta de un salto del banco, me agarra de la mano y me tira detrás de él antes de que pueda procesar que nos estamos moviendo.

—Espera —digo mientras nos arrastra hacia el bosque—. ¡Hoseok, espera! ¿Qué estás haciendo?

Intento arrancar mis dedos de su agarre, pero se limita a sonreírme y a acelerar el paso. Debería poner fin a lo que sea que es esto. No hay forma de que termine bien.

Pero me dejo llevar por él de todos modos.

No se detiene hasta que estamos en medio de espesos árboles, las hojas nos cubren de una oscuridad que ni siquiera la luna puede atravesar.

—¿A dónde vamos, Hoseok? No puedes adentrarte en el bosque y mangonearme como quieras... ay...

Me empuja hacia delante, mi cuerpo gira alrededor de él y se estrella contra el grueso tronco de un árbol. La corteza me araña la parte superior de la espalda, provocando un fuerte escozor que me recorre la columna vertebral, y la manga de mi camisa cae sobre mi hombro, revelando la piel que se esconde debajo.

Se aprieta contra mí, nuestros cuerpos se amoldan perfectamente, sus brazos se posan a ambos lados de mi cabeza hasta que quedo bloqueado, rodeado de tentaciones y malas decisiones.

—¿Alguna vez dejas de hablar? —bromea.

La irritación me recorre por el medio y abro la boca para responder, pero antes de que pueda hacerlo, él se acerca y reclama mis labios en un beso contundente. Mis manos vuelan a la parte posterior de su cabeza mientras lo acerco, inhalando el aroma a humo de su aliento y tratando de implantar su sabor en mi lengua. Gime, sus caderas empujan con más fuerza contra mí, su gruesa longitud se desliza por mi vientre y es mas grande que la mía.

CICATRIZ 瘢痕; HOPEVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora