El humo se enrosca en el aire, un porro enrollado se posa entre mis dos dedos mientras me siento, mirando fijamente el enorme escritorio de mi hermano.
Seokjin y Yoongi están hablando del funeral de Lord Choi; o más bien, de si debería haber uno. Y por mucho que esos dos imbéciles me revuelvan el estómago con sus divagaciones, estar aquí y escuchar lo que planean es mejor que quedarse en la oscuridad.
Me pregunto cómo reaccionarían si supieran que fue mi mano la que separó la carne de los huesos de Choi. Que fue a mí a quien suplicó; implorando la salvación como si yo fuera un dios capaz de conceder misericordia. Ojalá pudiera decirles que el querido Choi no era tan valiente cuando no había una mesa de hombres rodeándole, y que se orinó en el sucio suelo de cemento mientras yo encendía una cerilla tras otra y quemaba bonitas cicatrices en su piel.
—Señor, tenemos que cambiar el enfoque —implora Seokjin.
Yoongi gime, golpeando su puño en la parte superior de su escritorio.
—No quiero cambiar el enfoque, Seokjin. Quiero encontrar a la puta asquerosa que se atrevió a entrar en mi castillo, dejar caer la cabeza de un hombre en el suelo, escupir a mis pies, y luego de alguna manera desaparecer de las mazmorras.
La diversión me recorre por dentro mientras veo cómo la furia sube a las mejillas de Yoongi. Mi mente se dirige a Lord Kim, y me pregunto cuánto fuego haría falta para ver el calor bajo su carne.
—Si seguimos sacando a relucir la perturbación —continúa Seokjin—. La gente se inquietará. Tenemos que cambiar la narrativa. Encontrar una distracción.
Una risa sale de mí, mi pierna se cruza sobre mi rodilla opuesta.
Yoongi gira para mirarme y se pasa una mano por el cabello. —¿Algo divertido, hermano?
Me encojo de hombros, tirando la ceniza de mi porro a la alfombra cara bajo mis pies. Una sonrisa perezosa se extiende por las comisuras de mi boca y me recuesto en la silla, dejando que los cojines se amolden a mis músculos. Agito la mano en el aire.
—No era de lejos mi intención interrumpir.
—Ya estás interrumpiendo —me suelta Yoongi—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Te preocupas de repente por el estado de la monarquía?
Su tono es sarcástico, y sonrío, conteniendo el impulso de probarle que está equivocado. De demostrarle que lo único que me ha importado siempre es la monarquía.
—Sólo proporcionaba apoyo moral después de lo que sin duda han sido unas tumultuosas noches para ti. ¿Estás bien, hermano? Estás un poco pálido. —Me siento hacia delante, con las cejas en la línea del cabello—. Esa mujer no te ha asustado, ¿verdad?
Seokjin se eriza en mi periferia. —Ve al punto, Hoseok, si es que tienes uno.
Hago girar el anillo en mi dedo, los ojos de diamante del león brillan con cada giro.
—Como dije, sólo estoy aquí para apoyar...
—Hoseok.
—Seokjin —respondo, alargando las vocales mientras ruedan por mi lengua.
—Aunque puedo apreciar tu repentina necesidad de estar en la conversación, es un poco tarde para hacer el papel de príncipe obediente. —Sus ojos recorren mi figura como si el mero hecho de verme fuera ofensivo.
Tal vez lo sea.
Mi sonrisa cae, algo pesado me revuelve el estómago.
—No hay ningún papel que interpretar. Soy Su Alteza Real Hoseok Jung, segundo hijo del difunto rey Yoongi II, quieras o no admitirlo
De pie, me muevo a través de la habitación hasta que estoy frente a él, con mi cuerpo imponiéndose a su corta y desgarbada figura. Me mira con sus ridículas gafas de pasta, y yo lo miró fijamente, llevándome el porro a la boca e inhalando, absorbiendo cada tic incómodo de sus facciones y cada gota de sudor que se acumula en su frente. Exhalo, expulsando el humo para que le cubra la cara, haciéndolo chisporrotear.
—Sé que eres un hombre muy importante, Seokjin —susurro—. Estando aquí, teniendo el oído del nuevo rey y del anterior, pensando que eres irreprochable.
Mi mano agarra su hombro, permitiendo que la punta ardiente del papel enrollado se apoye cerca de su cuello. El impulso de pegarlo en su piel y escuchar cómo chisporrotea es fuerte, pero me contengo.
—Pero quiero que recuerdes dos cosas. Una: que mi sangre corre más que la tuya, aunque esté escondida bajo una tinta 'espantosa' y un alma ennegrecida.
Hago una pausa, disfrutando de la forma en que se mueve bajo mi mirada.
—¿Y la segunda? —pregunta, con su nuez de adán balanceándose.
—La segunda es que sé lo que le hiciste a mi padre. Y nunca olvidaré a los que le dejaron morir solo.
El borde ardiente de mi porro roza su yugular, mi estómago se revuelve de placer cuando se sacude en mi agarre.
—Uy. —Sonrío—. ¿Te dolió?
—Sabes mucho menos de tu padre de lo que crees. —Seokjin sisea entre dientes apretados.
Se me escapa una carcajada y miro al suelo antes de volver a encontrarme con su mirada.
—Y tú no me conoces a mí.
—¿Y qué pasa con Taehyung? —interrumpe Yoongi—. Vamos a anunciar nuestro compromiso, oficialmente. Eso debería ser suficiente para cambiar la narrativa.
Dirijo mi atención a mi hermano. —¿Ya se tutean? Vaya, te mueves rápido.
Los ojos de Yoongi se estrechan. —Es mi esposo.
—Todavía no —respondo, con el estómago agriado.
Agarrando la mano de Seokjin, lo atraigo hacia mí, poniendo el porro aún encendido en su palma y cerrando los dedos alrededor de él. Su cara se frunce con evidente disgusto.
—Te desharás de esto por mí, ¿verdad, Seokjin?
—¿Te vas tan pronto? —Yoongi pregunta, sacando el labio inferior—. Lástima.
Levanto un hombro. —Son terriblemente aburridos.
—Hablar de cosas importantes no se supone que sea entretenido. Aunque —se frota la barbilla, riéndose—, nunca te has preocupado por nada importante.
El agujero en mi pecho se retuerce, haciendo que mis dientes rechinen.
—Sí, bueno... si todos nos preocupáramos por lo importante, hermano, ¿quién se preocuparía por ti?
Su sonrisa cae. —Ve a buscar a Lord Kim antes de correr a cualquier prostíbulo en el que quieras pasar la noche.
Chasqueo la lengua y asiento, girando sobre mis talones mientras me dirijo hacia la puerta.
Si me diera la vuelta y mirara hacia atrás, estoy seguro de que vería sus caras pintadas de sorpresa por la facilidad con la que accedí. No soy conocido por lo bien que acepto órdenes. Pero, sorprendentemente, quiero encontrarlo.
La excitación recorre mis entrañas, bajando por mi ingle al recordar el aspecto que tenía anoche: de rodillas, con el pecho agitado y el cabello revuelto mientras me miraba como si quisiera acuchillarme allí donde estaba. Seguramente con lo que escondía a sus espaldas.
Nadie más me ha tratado como él: con una ira rebosante de forma tan potente que intenta atravesar su mirada y golpearme. Me dan ganas de meterle la polla en la garganta y ver si intenta morderla, sólo para poder castigarlo por usar los dientes.
Así que, voy a buscar a mi dulce ciervo.
Aunque sólo sea para conseguir su odio antes de lanzarlo a su rey.
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CICATRIZ 瘢痕; HOPEV
Romance¡♡! adpt. hopev Érase una vez, un rey que falleció. Dejó dos hijos, uno amado y otro marginado. El mayor de los dos estaba listo para tomar el trono, pero antes tenía que encontrar a un ser a quien llamar suyo. El más joven era conocido por ser reb...