XLV. Hoseok

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Su toque es la más dulce rendición.

Mucho antes de acabar aquí decidí que, si él deseaba mi muerte, me echaría a sus pies. No tengo interés en luchar contra él. No tengo interés en vivir si él no lo desea.

Ya no tengo sed del trono. Ya no deseo vengarme de los que me han perjudicado.

Todo palidece en comparación con él.

La sangre se desliza por mi cuello desde el lugar en el que su daga me ha cortado la piel, y mi polla palpita por su violencia. Es una visión absoluta su furia, y cuando suelta la daga y cae en mis brazos, mi pecho implosiona.

—Muéstrame tu dolor, pequeño. Dámelo para que no lo aguantes solo —le digo con rudeza en la boca mientras succiono sus gritos.

Mis manos arañan su ropa y él da lo mejor de sí hasta que acabamos desnudos, con él en mi regazo; las telas tiradas a un lado, destrozadas y en montones olvidados. Mi polla se desliza entre los labios de su entrada, desesperado por hundirme en su interior.

Le jalo el cabello, tirando de él hasta que su espalda se arquea, hasta que su pecho queda al descubierto, con unos pezones de color oscuro que piden ser chupados. Me inclino como un animal voraz y envuelvo con mi boca su carne dura como guijarros, gruñendo cuando su sabor explota en mi lengua, y él hace rechinar su dentro caliente a lo largo de mi eje.

—Hoseok —suplica, sus jugos corren a lo largo de mí y se acumulan entre nosotros, juntos con los mios—. Por favor, yo...

Suelto su pezón con un chasquido y deslizo mi lengua por su pecho hasta que chupo su cuello, sacando sangre a la superficie, sin importarme si dejo una marca; estoy desesperado por mostrarle al mundo que él no pertenece a nadie más que a mí. Marcar su piel como él ha marcado mi alma.

Alguien podría entrar en cualquier momento, pero no me importa. Que miren.

Esto no es amor. Esto es obsesión. Locura. Salvación.

Shh. —Muevo mis labios hasta que rozan los suyos—. Sé lo que necesitas.

Le suelto el cabello, muevo mis dos manos para agarrar sus caderas y lo levanto, con mi polla enfadada y palpitante bajo él. Y entonces su calor húmedo me envuelve desde la raíz hasta la punta, sus suaves paredes abrazando cada cresta de mi polla hasta que mis abdominales se tensan, y veo las estrellas solo por la sensación de estar rodeado por él.

Su cabeza vuela hacia atrás mientras gime, girando sus caderas en forma de ocho, cada movimiento me hace gotear.

Me cabalga tan bien y esta vez es él quien me arranca el cabello; el escozor me hace gemir mientras sus labios se abren paso por la parte delantera de mi cuello, chupando cuando llegan al fino corte de mi garganta.

Yo palpito dentro de él.

—Sí —siseo, levantándome y desplomándome sobre mis codos, su cuerpo me sigue mientras sigue lamiendo la herida que ha hecho—. Chico sucio, montando mi polla y lamiendo mi sangre como si estuvieras hambriento de mí.

Vuelve a gemir, el sonido vibra en mi interior, y luego se mueve hasta que su espalda se endereza, y sus manos se mueven a su pecho y tocan los pezones hasta que se convierten en picos duros. Me aprieta el abdomen mientras lo veo echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos, preguntándome cómo es posible que exista, medio convencido de que me he vuelto loco y de que no es más que un producto de mi imaginación.

De repente, la sensación es demasiado, y me lanzo hacia delante hasta que nuestros pechos se rozan, sus caderas vacilan en su ritmo. Mis dedos agarran sus mejillas.

CICATRIZ 瘢痕; HOPEVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora