Todo es como una película muda en mi cabeza. Mis manos y mi cuerpo se mueven sin necesidad de esperar a que yo piense en algo. Todo lo veo como si fuera una parte objetiva entre tantos estallidos de colores y formas.
Ambuj se separa con los labios enrojecidos por los besos y las mordidas que le di al momento de tratar de liberar el malestar que aún tengo. Pone sus dedos sobre los botones frontales de su camisa y yo trago saliva. Admiro, casi fuera de mí, como sus yemas van deshojando cada botón y descubren la piel que, pese a haberla visto en la playa, ahora mismo luce hecha de plata.
La suave tela se desliza por sus hombros y queda atrapada en sus brazos. Cuando los separa, esta resbala hasta el suelo y yo persigo el movimiento como si no pudiera hacer otra cosa. Admiro su cuerpo. Viste luces abrillantadas en las partes más rojas de su bronceado gracias a la luz blanca de la habitación. Sus manos entonces toman el elástico de su pantalón y de un solo movimiento lo retira de sus piernas. Suelto el aire con un temblor contenido.
No... no es como en mis pesadillas. No lo veo temblar ni evadir el rostro. No lo veo quitarse todo con el temor marcando sus movimientos. Sus dedos se mueven fluidos al desnudarse y, cuando queda sin nada puesto, se queda de pie, presentándose a mí.
No sé qué es lo primero que quiero. Mi mirada resbala y acaricia la piel que tengo enfrente. Olvido incluso la razón por la que me había enojado y el porqué estaba tan asustado, la visión me quita toda actividad pensante; lo único que siento son mis manos hormigueando y la sangre que baja. Algo parecido a un mareo me golpea; mis ojos van y vienen hasta que se quedan en su rostro.
Entonces sé qué hacer. Lo hago sin siquiera meditarlo. Mis manos le toman el rostro, se posicionan en sus suaves mejillas y me acerco para besarlo de nuevo. Él me toma de la cadera y yo me deleito en su boca. Cierro los ojos y lo beso en agradecimiento porque sé lo que está haciendo. Entiendo lo diferente que se siente en este momento, tanto para él como para mí, que en mi inexperiencia no sé qué más hacer además de tocar y tocar y empujarme a él.
Ambuj responde a mis besos y une sus manos al fuego que empiezo a sentir bajo mis pies. Sus dedos pasean por mi pecho mientras succiona mis labios. Mis palmas encuentran espacio justo en su espalda y delinean sus músculos, se arrastran hasta la curva de su cadera y bajan aún más. Cuando aprieto, emite un quejido tan sensual que me erosiona el poco autocontrol que aún poseo. Abro los ojos y lo observo con su desnudez pegada a mí y su miembro cobrando vida contra mi abdomen. Me siento hecho llamas.
Entonces tomo su mano por la muñeca y la muevo para separarlo un poco. Lo llevo a la cama donde se sienta en el filo, me abro espacio entre sus piernas y me inclino para volver a besarlo, pese a la incómoda posición. Detengo el beso y me separo tan solo un poco, sin dejar de escuchar mis pálpitos como si determinaran un tempo. Mi respiración acelera ante el frío de la noche y el calor que expide el cuerpo dorado de Ambuj. Con un movimiento rápido, me quito la ropa interior. Pensaba acercarme ya, caerle encima y dejar que todo por fin fluyera de mí, pero él me detiene.
Posa sus manos en mis caderas y dibuja sus formas. Pega su frente a mi estómago y besa la piel de allí, erizándome. Sus dedos se mueven hasta mi espalda, aprieta el hueco de mi zona lumbar y luego baja para sobresaltarme al acariciar mi trasero. Si pudiera ver el lunar que tengo del lado derecho... me pregunto si no querría besarlo también.
Me acuclillo para acariciar sus piernas y observar su cuerpo desnudo desde cerca. Entonces, ya no puedo más. Aprieto y acaricio, suelto besos en sus muslos y muerdo la piel en la parte interna de ellos. Lo escucho gemir, lo veo sobresaltarse, echar la cabeza hacia atrás y dejarme bajo mis instintos. Y yo acaricio y amaso sus piernas, junto mi rostro en su pelvis, paso mi nariz sobre su vello y contemplo el temblor de su piel. Beso su sexo y más allá. Lamo su extensión y mucho más. Lo escucho jalar aire y voy... más allá. Me desvivo en probar su miembro al meterlo en mis labios y cubrirlo con mi boca.
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Hijo de Payasos (BL)
Narrativa generale¿Qué tanto puede cambiar el destino de un joven ciego que mendiga en las calles de Atenas cuando un idealista y gentil estudiante de medicina se cruza en su vida? Ambuj es ciego de nacimiento, pero no necesita de sus ojos para conocer la crueldad de...
