[Ciudad de México]
El complejo era sencillo, con fachadas pintadas en tonos pasteles y rejas de acero que guardaban patios pequeños. Parqueó el carro un poco más adelante y regresó caminando, repasando una y otra vez lo que iba a decir. El corazón le latía con fuerza, como si lo estuvieran empujando desde adentro.
Subió los tres escalones que llevaban a la puerta. Dudó un instante, tragó saliva y levantó la mano.
—Vamos…—susurró para sí mismo, golpeando tres veces con los nudillos.
El silencio posterior lo puso más nervioso. Se pasó la mano por el cabello, volvió a mirar la fachada como si buscara respuestas en las grietas de la pintura. Estaba a punto de tocar de nuevo cuando escuchó movimiento adentro.
La puerta se abrió lentamente, revelando a una mujer mayor con mandil, los ojos curiosos y un dejo de cansancio en la expresión.
—¿Sí? —preguntó con cautela.
Andrés se aclaró la garganta, inseguro por primera vez en mucho tiempo.
—Buenos días, señora. Disculpe la molestia. Soy Andrés Riobueno. Vengo a buscar a Ayleen.
La mujer frunció el ceño, sorprendida.
—¿Andrés?
Él sostuvo la mirada, sin bajar la voz.
—Sí, señora. Necesito hablar con su hija. Es… es algo que no puede esperar más.
——
Mientras tanto, Patricia iba en un Uber de regreso a la colonia familiar. El silencio en el auto le pesaba, pero lo prefirió a llenar el vacío con la radio. Aún traía en el cuerpo la tensión de las últimas horas, de la carretera nocturna y de la conversación inconclusa con Andrés.
Al llegar, respiró profundo antes de bajarse. Ni bien puso un pie en la acera, la puerta de la casa se abrió.
—¡Patricia! —la voz de su madre la recibió cálida.
—Mami. —sonrió cansada, apretando fuerte el bolso contra su costado.
Mercedes la abrazó de inmediato, dejando que el olor familiar a perfume y cocina le devolviera cierta paz.
—Qué sorpresa que vinieras tan temprano. ¿Todo bien?
Patri se mordió el labio, midiendo sus palabras.
—Sí, ma. Solo… necesitaba estar un rato en casa.
Su madre la sostuvo de los hombros, notando la seriedad en su expresión, pero sin presionarla.
—Pues, acá tienes tu cuarto, como siempre. Y cafecito recién hecho.
Patricia dejó escapar una risa corta y agradecida.
—Eso me va a salvar el día. —entró, permitiéndose un respiro, aunque en el fondo sabía que la tormenta seguía allá afuera, donde Andrés estaba tocando a otra puerta que podría cambiarlo todo.
——
La madre de Ayleen a duras penas alcanzaba a procesar la presencia de Andrés cuando se oyó el chirrido de llaves y ruedas de maleta arrastrándose.
—¿Mamá? —la voz femenina, cansada pero firme, resonó en el pasillo.
Ayleen apareció con dos maletas a cuestas, aún vestida con el atuendo formal del congreso: blazer oscuro, blusa clara, pantalones de tela y tacones bajos. Estaba despeinada, las ojeras marcadas de viaje largo. Al ver a Andrés plantado en la sala junto a su madre, se quedó helada de pies a cabeza.
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Impropia Piel
Fanfiction𝘌𝘭 𝘢𝘣𝘢𝘯𝘥𝘰𝘯𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘶𝘯𝘪ó. 𝘓𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘳𝘵𝘪ó 𝘦𝘯 𝘢𝘮𝘪𝘨𝘢𝘴. 𝘓𝘢𝘴 𝘮𝘢𝘭𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘴𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘱𝘢𝘳𝘢𝘳𝘰𝘯. Quisiera rebobinar y regresar a ese día. Ahora ya sabría qué hacer. Si hubiese se...
