Capítulo 10

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Anastasia


—Lo siento. Lo siento. Lo siento.

Siento su mano cálida recorrer mis mejillas y sus lágrimas se mezclan con mi sangre. Sigo en el suelo, respirando con dificultad y con la fuerza apenas para comprender lo que ha pasado.

Conversábamos tranquilamente. Creo que mencionó un partido de los Mariners  o quizá hablaba de su jefe.

—Es un hijo de puta, Ana—había soltado con desdén—. Aunque la paga es impresionante.

Había alcanzado el sueño de su vida. Por fin dejaría atrás los problemas de sus escasos años con los SEAL.

Alejado de las armas por fin podría sacar su cámara como siempre soñó.

Algo paso. Un pequeño suceso. Una pequeña falla. Hubo un detonante. Recuerdo salir corriendo por el pasillo que lleva a la habitación principal. Sus pasos firmes y pesados me seguían.

Su mano me detuvo con brusquedad y sus ojos marrones se habían tornado negros de ira. No era el José que conocía.

No era mi José.

Era un desconocido y no comprendía que había cambiado en una fracción de segundo.

—Lo siento tanto, bebé—su sollozo no calma el dolor.

Solo diluye el miedo en un sin fin de emociones. Muchas las conozco a la perfección. En un instante ya no estoy tendida en el suelo. Estoy en la habitación de mis padres.

Viendo como papá pierde el control. Mamá dice que pronto estará bien. Qué muy pronto volverá a reconocernos.

Es mentira.

He visto sus crisis decenas de veces. Papá sigue creyendo que somos el enemigo. Mamá insiste que pronto todo estará bien.

Todo estará bien.

Papá volverá.

Su ira desmedida cae sobre mamá. Ella forcejea con él, trayendo sus recuerdos a su memoria. La mirada de papá es perdida y un grito gutural surgió de su pecho.

Está desorientado. Está perdido.

La calma viene, pero mamá llora en el rincón de la habitación. Tiene un moretón en el ojo y varios rasguños en los brazos. Yo también los tengo y no sé en que momento me los hizo.

Papá está tendido en la cama. Inconsciente. Rendido ante los fantasmas que acechan su mente.

—Perdóname. Perdóname.

La voz de José me arrastra al presente.

Me abraza y más lágrimas se mezclan con el sabor del miedo. Sigo en el suelo. Con su cuerpo aprisionando el mío.

Quiero salir de aquí. Quiero que el dolor desaparezca.

—No sé que me paso, bebé. Prometo que no volverá a suceder.

—José.

—Te prometo que no volverá a pasar.

La ira se ha desvanecido de él. Reconozco la ternura en sus ojos. Reconozco al hombre de siempre.

Sus labios tocan levemente mis sienes. Deja un camino de besos y me abraza con delicadeza. Esta consciente de lo que ha hecho.

No volverá a pasar.

Quédate a mi LadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora