Capítulo 14

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Christian

—Sigue en pie mi invitación, señorita Steele.

Estamos afuera de su departamento siendo observados por Matt y Rupert y juraría que Hanna, la chica de la florería también se encuentra detrás del kiosco de la esquina, observándonos.

—¿Está noche?—pregunta, ignorando la cómica escenas cruzando la calle.

Oh, nena.

No me hagas esperar tanto.

—Solo si tú lo deseas.

Ella suspira mientras sigue observando la caja de té que lleva entre sus delicadas manos.

—Esta bien—dice y reprimo un suspiro de alivio.

—Regreso por ti en dos horas.

Es el tiempo suficiente para encargarme de papá y Elliot.

—¿A casa, señor?—pregunta Jason cuando estamos en el auto.

—Pronto.

Todo atisbo de incertidumbre ha desaparecido a media que nos alejamos del apartamento de Anastasia. El encuentro con Elliot resulto mejor de lo que esperaba.

Es la primera vez que no la veo asustada al estar enfrente de un hombre.

Maldita sea, Elliot.

Has sido el primero conquistar su corazón.

—¿Qué opinas de Anastasia?—pregunto y Elliot sonríe.

Abraza su nuevo peluche del Lorax y por fin en mucho tiempo puedo sentir un soplo de aire fresco.

Es la primera vez que alguien no rechaza a Elliot.

Atravesamos la ciudad con rapidez mientras hago un par de llamadas. No quiero hacer esperar a Ana, pero al parecer mi padre no nos dará tregua está noche. Al entrar a casa escucho sus gritos que provienen desde el segundo piso.

Elliot de inmediato se tapa los oídos y desaparece de la estancia.

—Ve con él—le ordenó a Taylor—. Me encargaré de mi padre.

En el segundo piso todo es un caos. Nora y Gail batallan con mi padre mientras él les lanza una serie de improperios.

—Él insiste en ir por la señora Grey, señor—dice Nora, tratando de no sonar tan alterada como está.

Papá es un hombre fuerte a pesar de su mala salud. Si se altera demasiado puede ser peligroso para ella y cualquiera que esté a su alrededor. Aunque mi trabajo es demandante trato de encargarme de él la mayor parte del tiempo.

—Tomen un descanso. Me haré cargo.

Ellas desaparecen y yo me quedo de pie en medio del umbral. Papá remueve los cajones de su cómoda con desesperación.

—¿Carrick?

Me acerco lentamente sin saber si me reconocerá.

—¿Dónde están mis llaves del auto?

—¿Para que quieres las llaves?

—Debo ir por mi esposa. Ella me espera.

Busca una vez más y se detiene hasta que se da cuenta que está vacío el cajón.

—Carrick—repito y él se gira con pasos torpes.

Lleva su pijama puesta y solo un zapato.

Mierda.

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⏰ Última actualización: Feb 12 ⏰

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