-Voy tan tarde que mis hijos van a recibir castigo- Vocifero preocupado el príncipe del cielo mientras corría hacia la sal de reuniones en el tribunal angelical.
-Mamá! ¡Hola!...- Termino frenando en seco cuando al llegar a esta se encontró con la gran duquesa, un ángel cuya belleza lograba detener el tiempo. Cabellos rojizos que brillaban con gracia cayendo desde sus hombros llegando casi hasta sus talones, ojos azules como el cielo y una mirada que cautivaría a cualquiera en cuestión de segundos. Cada movimiento, cada gesto, era una danza de gracia que hacía honor a su título como el ángel de la gracia.
-Llegas tarde- Luzbel noto por la habitación vacía que la reunión ya había finalizado y opto por disculparse con su madre por su irresponsabilidad, pero antes de que este pudiera hablar el ángel lo interrumpió.
-Hay algún motivo especial que excuse su ausencia a la reunión príncipe Luzbel- Su madre no estaba completamente enojada pero aun así estaba siendo ruda con el por alguna razón que este desconocía. El ángel de la gracia, asignada para tomar el rol como madre de los príncipes Michael y Luzbel Morningstar. Asignada por Dios para cuidar de ellos, criarlos y mantenerlos a salvo.
-Yo solo me desvele anoche mamá, no volverá a ocurrir-
Ania no muy convencida de las palabras de su hijo se adentró en los pasillos del palacio.
-Ven, quiero mostrarte algo –
Así ambos llegaron a un salón repleto de bellos cristales de diferentes colores, los cuales flotaban sobre el nivel del suelo. Entro en este lugar siendo seguida por su adorado hijo. -Recuerdas la historia que les conté a ti y a tu hermano cuando eran a niños? – Luzbel intento descifrar a que historia se refería. No era bueno recordando cosas y aun si lo fuera a la duquesa le encantaba contar historias, era imposible saber a cuál se refería.
-Hace muchas eras Dios creo a los ángeles y la vida para que pudieran acompañarlo y compartir su gran regalo, pero aun después de crear a todos estos ángeles sentía que algo le faltaba. Decidió crearlos a ustedes, sus hijos, su familia. Ustedes lo acompañarían y quizás algún día tomarían su lugar. El me asigno a mi para hacer el rol de madre y eso es lo que he hecho durante ciento dieciocho años- El príncipe comenzaba a comprender el motivo de la conversación, ella deseaba que le dijera la verdad de lo que había estado haciendo, pero no podía. Nadie debía saber que se estaba encontrando con el humano a escondidas. Ni mucho menos que llego tarde a la reunión porque la noche anterior se quedo dormido en el Edén junto con el pelinegro. Debía evitar que se supiera a toda costa y aunque nunca le había mentido a su madre, el sentía que su deber era proteger a Adán por encima de todo.
-Siempre he intentado ser la madre más comprensible que podrían tener pero hay una cosa que no voy a tolerar en mi familia- Sus manos se deslizaron en el aire y así todos los cristales desaparecieron y en su lugar se instaló la silueta de un humano y un ángel descansando plácidamente a la luz de la luna bajo de un gran árbol. -Y esas son las mentiras. –
-Puedo explicarlo- La ansiedad se empezó a instalarse en su pecho, no deseaba que lo separaran de Adán. Se había encariñado demasiado con el humano y el pensar en perderlo le rompía el corazón.
-No, no puedes. Luzbel el es un humano y tu un ángel. No pueden estar juntos-
(- ...Juntos? Espera ¿ella cree que nosotros...? - )
-Mama, nosotros no tenemos ese tipo de relación-
-Perdón?! Niño tengo más de trecientos años, se como se ve una pareja enamorada- La gran duquesa comenzaba a enojarse, el pensar que su hijo le estaba mintiendo en su propia cara...o quizás no lo hacía.
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Tu eres mi fruto prohibido
RomanceDos almas separadas por una traición. Su amor, tan poderoso que ni el paso de mil años podría destruirlo; pero un solo error puede alejarlos para siempre. Un ángel y un humano, seres que nunca debieron cruzarse unidos por el destino. Se conocieron...
