Capítulo 30

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Había algo en la mirada de Héctor esa tarde que me hacía sentir que algo importante estaba por suceder. Lo había notado un poco más pensativo y nervioso últimamente, pero cada vez que intentaba sacarle algo, él simplemente sonreía y cambiaba de tema. Hoy, mientras caminábamos juntos por el parque, decidí que era momento de confrontarlo.

— Héctor, ¿puedes decirme qué está pasando? — le pregunté deteniéndome y mirándolo fijamente —

Él suspiró y me tomó de la mano, llevándome hacia un banco cercano.

— Amelia, hay algo que necesito decirte — comenzó con una expresión seria — Es algo que he estado planeando por un tiempo, y no sabía cómo decírtelo

Mi corazón comenzó a latir más rápido. ¿Qué podría ser tan importante que él no sabía cómo decírmelo?

— He conseguido una casa nueva — continuó, mirándome a los ojos — Me mudo en unas semanas.

La noticia me dejó sin aliento por un momento. Sabía que Héctor había estado considerando mudarse, pero no tenía idea de que ya había avanzado tanto con los planes.

— ¿Qué? ¿Ya tienes una casa preparada y no me lo habías dicho? — pregunté sintiendo una mezcla de sorpresa y algo de irritación —

Héctor asintió, apretando suavemente mi mano.

— Lo siento, Amelia. Quería que fuera una sorpresa. Lo he estado planeando mientras estuve en Orlando. Es algo que pensé que disfrutarías ver cuando estuviera todo listo

No pude evitar sentirme un poco herida por no haber sido parte del proceso, pero al mismo tiempo, la idea de ver su nueva casa me intrigaba.

— ¿Quieres verla? — preguntó, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y nerviosismo —

Asentí lentamente, tratando de procesar toda la información.

— Claro, me encantaría verla

Nos levantamos y comenzamos a caminar hacia su nueva casa. Durante el trayecto, Héctor intentó animarme hablando sobre los detalles de la casa, pero yo seguía pensando en cómo había mantenido todo esto en secreto y el saber, que Lucía tampoco me había dicho nada.

Al llegar, la vista de la casa me dejó asombrada. Era una casa moderna, de líneas limpias y elegantes, con grandes ventanales y un jardín bien cuidado.

— Dios, Héctor. Es preciosa — dije sin poder ocultar mi admiración —

Héctor sonrió, claramente complacido por mi reacción.

— Ven, quiero enseñarte el interior

Entramos y la primera impresión fue aún mejor. La casa estaba decorada con gusto de una manera perfecta. Héctor me mostró cada rincón, desde la sala de estar espaciosa hasta la cocina completamente equipada.

Finalmente, nos detuvimos en lo que sería su dormitorio. Era amplio y luminoso, con una cama grande y cómoda en el centro.

— Entonces, ¿ahora vivirás aquí, tú solo? — pregunté, tratando de imaginarme la vida de Héctor en este nuevo espacio —

Héctor asintió y me guiñó un ojo.

— Así es — respondió, acercándose a mí y susurrándome al oído — Definitivamente, ahora cada vez que vengas a verme, podemos hacer lo que queramos

Sentí un calor subiendo por mi cuello y mis mejillas al entender la insinuación. Me sonrojé levemente, pero no pude evitar una sonrisa.

— ¿Ah, sí? — pregunté haciéndome la tonta, aunque sabía perfectamente a qué se refería —

𝙵𝙾𝚁𝙴𝚅𝙴𝚁 𝚈𝙾𝚄𝙽𝙶 || 𝐇𝐞́𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐅𝐨𝐫𝐭 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora