En los dos días siguientes, Perséfone continuó insistiendo en sus clases de esgrima. Alejandro, Cortés y Amarillo eran muy diestros con la espada y la ayudaron. Perséfone también animó a alguno de los otros piratas a abatirse con ella, aunque al principio se negaban, acabaron aceptando.
El primero fue Dragón, quien le confesó, tras terminar de combatir, que se le daban mejor los cañones. Después le siguieron Pies Largos, Ocho, Cacín y, por último Sacul, quien fue muy generoso con ella y casi siempre la dejaba ganar, incluso fingió que Perséfone le había logrado tirar la espada de un golpe. Además, Alejandro le enseñó varios trucos, como retorcer el brazo del contrincante al esquivar por la izquierda un ataque de éste o quitar, verdaderamente, la espada de un golpe.
Pronto llegaron a Grecia. Desde lejos podían divisar la tierra que la limitaba con el mar. Como había dicho Ocho, encontraron una especie de cueva sin techo en un acantilado donde el barco quedaba parcialmente oculto entre él y unas grandes rocas. Al salir de Pegaso, tuvieron que andar por algunas de esas rocas, mojarse un poco y, por fin, llegar a una playa que daba a un espeso bosque. Perséfone le había indicado a Alejandro por medio de mapas donde estaba más o menos Atenas, pero no sabía cómo llegar. Según Perséfone, tras mirar el mapa, Atenas quedaría hacia el norte desde su posición pero como no estaba segura decidieron caminar hacia el puerto más cercano y preguntar a alguien de allí.
Esta vez, toda la tripulación iba con Alejandro, pues éste les había prometido que todos participarían en la siguiente aventura.
Tras caminar un par de horas, llegaron a un puerto y, mientras que algunos se quedaban apartados, decidieron que fueran Sacul y Perséfone los que preguntasen cómo llegar a Atenas debido a que eran quienes mejores aspectos tenían, además de que ésta última chapurreaba algo de griego gracias a su madre. Ambos preguntaron a una amable señora, ayudándose también por señas y dibujos en el suelo.
-La señora ha señalado hacia el noreste, más o menos-les dijo Perséfone después de haber "hablado" con la señora.
-Parece ser que nos quedan unas cuantas horas de camino porque ha levantado tres dedos cuando le hemos preguntado-les contó Sacul-. Tal vez me ha entendido mal...
-Nuestra "conversación" ha sido un poco ridícula con tantas señas-reconoció Perséfone riendo.
-¿Robamos otra carreta?-preguntó Pies Largos a Alejandro.
-Pues a mí me apetece andar-comentó Profundo.
-Tú mandas, Alejandro. ¿Qué hacemos?-le preguntó Barriga de Oso.
-Estoy con Profundo. Andemos. Disfrutemos de los paisajes griegos-dijo Alejandro-. No hay necesidad de robar. Cuanto menos llamemos la atención, mejor.
Anduvieron a través de las calles muy divertidos, se paraban para coger comida y bebida "prestada", para contemplar alguna que otra estatua o para hablar con bellas señoritas; Alejandro tuvo que llamar varias veces la atención de Sacul y Cortés para que continuaran andando.
Perséfone le encantaba todo, las casas blancas y azules, el arte, la vestimenta...
-¿Por qué no nos hemos vestido de griegos?-preguntó Perséfone a Alejandro-. Su ropa es muy bonita.
-Porque no hay necesidad...aún. De todas formas no me gusta la ropa de los hombres, parecen vestidos-le dijo Alejandro.
-Grecia es bonita, sería un maravilloso lugar para vivir-comentó Perséfone distraídamente.
-¿Te quieres quedar en Grecia?-preguntó Alejandro sorprendido.
-No.
-Te gustamos, ¿a que sí?-le dijo Alejandro sonriéndole dándole un golpecito con el brazo.
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Pegaso
AdventurePerséfone es una joven solitaria y pesimista, rodeada de un mundo de privilegios en el que no encaja y limitada por las normas sociales. Tiene un encuentro fortuito con Alejandro, un joven rebelde, extrovertido, optimista y jocoso que cambiará por...
