-Vamos, no te quedes ahí o te verá-le dijo el muchacho mientras la agarraba del brazo y la acercaba un poco más hacia donde estaba el timón:-Tranquila, ese hombre no te molestará más. Por cierto, mi nombre es Alejandro. ¿Y tú cómo te llamas?
-Perséfone-contestó algo nerviosa y aún confundida-. Mire, yo mejor me...
-¿Perséfone? ¿En serio?-preguntó Alejandro extrañado-. Pobrecilla...te llamaré, Per.
-¿Qué?-se enfadó Perséfone a pesar de estar asustada- ¿Por qué? Me gusta mi nombre.
-¿Ah sí?-siguió sorprendiéndose Alejandro.
-Sí-enfadándose más. Ese tal Alejandro era muy idiota. Eso no le confirmaba que era un pirata, pero sí que era un hombre-. Es un nombre griego muy bonito. No es común. Es difícil encontrar a otra Perséfone. Al contrario que Alejandro que además es...feo.
-No es cierto, porque lo llevo yo-dijo Alejandro con altivez soltando una risotada y moviendo el timón. El barco ya empezaba a moverse y alejarse poco a poco del puerto.
-Pues a mí no me gusta. Por eso te llamaré...-miró a los lados en busca de inspiración y al bajar la mirada hacia su vestido dijo:-Nuez.
-¿Nuez? ¿Por qué me...?-pero se cortó al mirarla-. ¡Tienes mi nuez!
-¿Qué? ¡Au!- gritó Perséfone pues Alejandro le había arrancado de un tirón el colgante que se había atado al cuello.
-Por eso huías. Habías robado a alguien y ese guardia te pilló- reflexionó Alejandro y luego se indignó:- ¡Me robaste!
-No-negó Perséfone-. Yo sólo...
-Sí, claro- la cortó Alejandro-. Excusas y mentiras, las sé todas.
-Pero si no he dicho...
-Ya, ya, ya... ¡Ocho! ¡Amarillo!
-¿Qué?-se extrañó Perséfone.
Enseguida, a su lado aparecieron dos hombres. Uno era gordo con unos enormes monóculos redondos unidos entre sí que se mantenían sobre su nariz gracias a unas cuerdecillas enlazadas a sus orejas, y el otro era un muchacho vestido desde la cabeza a los pies con ropas de un destacado color amarillo.
-Llevad a esta ladrona al calabozo. Más tarde la tiraremos por la borda-ordenó Alejandro con una sonrisa.
-¡Genial! Hace mucho que no tiramos a nadie por la borda-se alegró Amarillo.
-¡Sí! Pero esta vez lo haremos algo alejado de tierra firme-dijo Ocho-. ¿Os acordáis del tipo aquel? Vaya cabezazo se dio.
Alejandro y Amarillo asintieron con pesar.
-Pero al menos salió a flote - recordó Alejandro-. Bueno, ¿a qué esperáis? Lleváosla
-¡No, espera...!-empezó a decir Perséfone.
Pero los hombres la cogieron por los brazos y se la llevaron entre risas a la fuerza hasta los calabozos.
Mientras tanto, Alejandro se ató la nuez al cuello y cogió el pergamino que había robado de aquel museo. El puerto ya no se veía, el barco estaba por fin en mar abierto.
-¡Marineros!-llamó Alejandro a su tripulación colocándose delante del timón para ver mejor. Como su tripulación lo miraba con mala cara, se corrigió y dijo:-¡Piratas! Lo tengo. Nuestro viaje no fue en vano.
Los piratas aplaudieron con entusiasmo, algunos silbaron y otros pegaron un buen trago de la botella que tenían en la mano.
-¡Vamos, capitán! Indícanos que rumbo tomar.-dijo uno con una gran barriga
ESTÁS LEYENDO
Pegaso
PertualanganPerséfone es una joven solitaria y pesimista, rodeada de un mundo de privilegios en el que no encaja y limitada por las normas sociales. Tiene un encuentro fortuito con Alejandro, un joven rebelde, extrovertido, optimista y jocoso que cambiará por...
