Hiciste que flores crezcan en mis pulmones.
Y aunque son preciosas...
Ya no puedo ni respirar.
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El Hanahaki Disease no es un invento mío, existen muchas historias de esta enfermedad.
Los personajes (En su mayoría) son prop...
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La vió con ella otra vez. El malestar se apoderó de sus pulmones nuevamente, aunque inhaló profundo por ello. No podía herirse de esa manera, tenía que mantener la compostura. Como si de magia se tratara, quería desaparecer todo lo que sentía para mejorar, para que dejara de doler, para poder respirar.
Él de verdad no sabía de quien era la culpa... Bueno, quizá de si mismo por perseguir un amor que no le pertenecía. Y ahora pagaría las consecuencias.
Desde la conversación con Lin junto a la fuente, el dolor en su pecho aumentaba de forma progresiva. La molestia en la garganta se sentía cada ves peor.
Chrome desvió la mirada al verlas, juntas. La única ciega que no sabía del amor que su Thalia le profesaba era la misma Karenn. La ladrona del corazón de la de cabellos largos.
— « Mierda que me voy a cagar muriendo » — Pensó para sí, respirando aún más profundo, manteniendo la respiración con todo de sí, mientras cargaba las cajas fuera del CG.
Hasta que no pudo, y escupió lo que se sentía como una rosa, con todo y espinas. Sintió sangre en su garganta, pensó que quizá no venía solo de sus pulmones, el dolor por el largo de su traquea le decía que a lo mejor sangraba internamente.
— ¿Eso son flores? — La voz de su jefe, deteniendo el paso frente a él pues lo estaba acompañando, lo hizo frenarse en seco — Chrome...
— No. — El licántropo tomó del suelo la rosa, desde la rama para no dañarla, y la colocó dentro de la caja para esconderla. Sus miradas se encontraron.
El vampiro suspiró profundamente — Sígueme, hay que preparar el entrenamiento en la playa.
Agradecido de safarse de preguntas, el lobo siguió al jefe de sombra hasta el ligar mencionado, aún recuperándose de aquel dolor dentro de sí, intentando volver a respirar.
Como era ya costumbre, Nevra preparó el campo junto a su aprendiz. El sol brillaba amenazando con subir cada vez más, y terminaron sobre las nueve de la mañana. Media hora antes del inicio del entrenamiento.
El proceso fue silencioso, y cuando acabaron, Chrome se dedicó a mirar el mar, sentado cerca de la orilla, con aquella condenada rosa roja en la mano. El vampiro tomó un lugar a su lado tras observarlo unos minutos.
— Sabes que puedes decirme si tienes hanahaki— Dijo, sin verlo, el de ojo parchado, por mucho que la afirmación le desgarrara el corazón. — ¿Es mi hermana? Prometo llevarme tu secreto a la tumba, si así lo prefieres.
Un silencio volvió a instalarse. Claro que no era su hermana, gracias al oráculo, porque con ella tenía aún menos oportunidades... Y las que tenía ahora ya eran escasas.
Finalmente, habló.
— No es Karenn, Nev — suspiró cerrando sus ojos.
— Puedes decirme quien es, si digo algo, tirame al fuego, arderé en él si te falto en mi palabra — Prometió el vampiro, sin desviarle la mirada — Puedes confiar en mí, como siempre lo haz hecho...