Hiciste que flores crezcan en mis pulmones.
Y aunque son preciosas...
Ya no puedo ni respirar.
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El Hanahaki Disease no es un invento mío, existen muchas historias de esta enfermedad.
Los personajes (En su mayoría) son prop...
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Las risas nunca faltaron, a fin de cuentas, de aquellas cosas que más caracterizaban a la morocha. Las carcajadas que sacaba con sus chistes hasta a aquellos con los humores más grises.
Ella verdaderamente era perfectamente chistosa hasta que la conocías bien.
Supongamos que eso fue una de las cosas que más le habían gustado de ella. ¿Hacía cuanto que se conocían? ¿Cuatro, cinco, seís años..? No, en realidad, más de quince.
La risa de Aleshka llevó a Leiftan a siete años en el tiempo. No era tan sólido su reclamo al mundo en aquel entonces, tampoco lo era el de ella. Ninguno llegó a donde se encontraban por casualidad. Fue el tiempo quien los llevó a su lugar.
Quien permitió la venganza que tanto planeaban.
Quizá algo de sensación fue lo que llevó a que se conocieran mejor, a que pudieran vivir lo que vivían en ese día a día, aquello que los llevó a donde estaban en ese momento, sentados entre miembros de la guardia. Leiftan no olvidó, por mucho que no mostrara su recuerdo, que habían empezado con un beso.
Se dió un momento para cerrar los ojos y transportarse con sus recuerdos al pasado. Ese mismo CG, los pasillos, otra estación, un verano de un enero anterior...
『⏳』
Escuchó la risa de Aleshka. Ella, recostada contra la pared llegando al final de ese pasillo. Era tarde. Sus ojos azules casi brillaban en la oscuridad mirando hacia arriba, hacia él, con razón de su altura. Aún sentía el gusto de sus labios y el beso que le había robado.
-Deberíamos dejar de encontrarnos así..- Le comentó, negando con la cabeza. Sus manos aún lo tenían del cuello.
Él la volvió a besar, a contrapronóstico. Tampoco se opuso a ello, aunque si lo empujó unos segundos después.
-No seas bobo, nos van a ver- le recordó, al enderezarse ambos. El rubio tomó distancia a regañadientes, aunque aún manteniendo hacia ella una sonrisa de regreso.
-Bueno, señorita cuidadosa- Se burló, sin vergüenza. Nunca había sido muy público con su vida romántica, o personal en general, y supuso en ese entonces que aquello en común los había acercado más.
La fémina caminó a su puerta, negando con la cabeza, sin borrar el atisbo de sonrisa que poseía también. Entró al momento de abrirla, y mirando al costado, del pasillo y cerciorarse que en él no había nadie, robó un beso nuevamente al rubio, con audacia.
-Nos vemos mañana- Sonrió, y en efecto, acabó la conversación con un portazo, dejándolo parado allí. No había entrado a aquel cuarto nunca con la intención que hubiera deseado, y por lo visto, aquella noche de enero no sería la excepción.