Hiciste que flores crezcan en mis pulmones.
Y aunque son preciosas...
Ya no puedo ni respirar.
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El Hanahaki Disease no es un invento mío, existen muchas historias de esta enfermedad.
Los personajes (En su mayoría) son prop...
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Si tuvieras que elegir entre vivir y amar, ¿Qué tan fácil sería decidir?
— Hay quienes dicen que amar es vivir, ¿Estás tan segura que esta operación te salvaría la vida, en vez de matarte por dentro? — Cuestionó Ewelïn, con una mirada firme a la azabache sentada sobre la camilla de una suerte de enfermería oculta en la guarida de los traidores.
Tras ella, inexpresivamente Lance sostenía un arma en manos, mientras seguía cada movimiento con la mirada para que no intentara nada. Estaría toda la operación, atento a cada detalle y movimiento: se había estudiado el procedimiento con tal de salvaguardar a su pariente.
Solo estaban ellos tres. Y el día decisivo por fin había llegado.
— De algo hay que morir a fin de cuentas— Respondió, con una mirada simple: Ya había tomado aquella decisión. No iba a retroceder, sobre todo porque la enfermedad tampoco.
— Puede significar el fin de tu felicidad— La elfa miró un poco triste a quien había considerado su amiga, tomó una de sus manos, sentándose en la camilla a su lado. Quién diría que, al final, estaría del lado de Ashkore. El mismo que la había secuestrado, y la mantenía allí a punta de pistola.
— Hace bastante que no soy feliz, y sé que no puedo ser feliz dentro de este estúpido mundo, hecho de la nada y para nada.— La rabia en su voz se interrumpió por su propia tos.
— ¿No existe nada que yo pudiera decir para salvarte de la muerte? — Cuestionó, apretando su mano.
— Es mi decisión, Leïn, puedo vivir sin amar, no importa lo demás. — Fue directa, sus ojos azules, antes tan llenos de emoción y positivismo le parecían desconocidos. —Al final todos vamos a morir
En ese momento, la de cabellos plata se dió cuenta: Aquella no era su amiga, era alguien muy lejano y desconocido. Invadida por la decepción, negó con la cabeza.
— No me llames Leïn.— Suspiró, negando despacio mientras soltaba su mano. Se puso de pie, observada por los dos dragones. — Empecemos, cuando antes te opere, menor será el daño que te quede permanentemente.
— Por favor, ya estoy destrozada por dentro — Replicó, sin tanto entusiasmo. — Ash, acompáñala a buscar lo que necesita.
Así, con un arma como único punto en común, ambos salieron de allí.
No tuvo más que unos minutos de reflexión a solas cuando una compañía entró a su habitación. Con sus cabellos rubios mezclado con manchas negras y sus ojos verdes preocupados supo en un instante de quien se trataba.
— ¿Lista? — Fue el murmullo que llegó a sus oídos.
— No — Confesó, con sus ojos en él. — ¿Enserio puedo dejar de amar así como... así?
— Supongo, tengo muchas preguntas sobre eso y pocas respuestas. — Se acercó a su lado, allí donde había estado la enfermera. — Pero todo va a estar bien.