Capítulo 6

28 8 10
                                    

Mierda, se me habían olvidado las bragas. Qué vergüenza. Se van a reír de mí. No quiero que Atenea me vea así. Pero no hay más remedio, debo tragarme mi orgullo.

Me quito el jersey, la camiseta, y por último, los pantalones... Me quedo esperando las risas, pero nada. Cuando miro a mi alrededor, veo que Némesis está arropando a Luz, no me están mirando ni nada. Pero cuando miro a Atenea... ¡MIERDA!

Me está mirando de arriba a abajo, pero no parece sorprenderle que lleve bragas, ni parece incómoda. Solamente me está mirando, sobre todo las piernas (y no sé si algo más).

-Eres diferente -dice Atenea.

-Eh, ¿qué? - le respondo yo. Sé a qué se refiere, pero no sé qué responder. Miro a Némesis, en busca de auxilio. Ella, que aún estaba con Luz, se levanta y mira hacia mí.

-Haziel, deberías probar si el pijama te va bien -dice con una ceja levantada.

Bueno, al menos nadie se ha reído de mí, y el pijama me va perfecto. No parece ni de mujer ni de hombre.

-Bueno, chicas, voy a acompañar a Haziel a la enfermería y luego iré a hacer unas cosas. Procurad dormir, mañana hay colegio. ¡Dulces sueños!



Némesis me acompaña de nuevo a la enfermería. Me da vergüenza pasear con pijama, pero no hay nadie fuera.

Llegamos a la enfermería, y mi madre vuelve a estar dormida. Espero que se recupere pronto. Némesis habla con la curandera en el pasillo, y yo me siento en la cama que está al lado de mi madre.

-Bueno, Haziel, yo me voy ya, que descanses. Higiea -¿Así se llama la curandera? Vaya nombre, nunca lo había oído -, mañana se pasará Atenea, me gustaría que le dejes curar al chico y la supervises. Es una gran oportunidad para que aprenda, pero a la vez no sienta que la vigilo.

La curandera asiente, y Némesis se va. Que bien, mañana veré a Atenea, eso me alegra.

-Venga chico, quítate la camiseta. Quiero ver qué te han puesto en la espalda. Son capaces de haber hecho un desastre.

Jolín, sí que se fía de su jefa.

Me quito el pijama, y me arranca la venda de un tirón. No me hace daño, pero qué bruta es.

-No está mal. Atenea ha hecho un buen trabajo, no como su madre. Nunca fue capaz de aprender a curar un simple rasguño. Venga, vete a dormir. Mañana te haré más pruebas, por si tuvieras algo que no hemos visto. -Me vuelve a poner la venda, y se va. Supongo que tiene su propia habitación.

Me tumbo en la cama. Joder, qué cómoda. Y qué cansado estoy. Hoy ha sido un día muy largo, creía que nunca iba a terminar.


-Haziel, ¿estás dormido? -Oigo una voz. Bueno, claro, ahora que me has tocado las narices, estoy despierto. ¿Quién coño es?

Abro los ojos, y veo a Atenea sentada a mi lado, en un taburete.

-Oh, buenos días, Atenea. ¿Qué haces aquí tan temprano? Creía que tenías colegio.

-Sí, pero mi madre me ha encargado la tarea de cuidarte, para ayudar a la curandera. Así ella puede centrarse más en tu madre, y yo me preparo para ser una buena jefa. Vendré varias veces al día para ver cómo estás -me dice con una sonrisa.

-Vaya, no quiero ser una molestia.

-¡No, no eres una molestia! Me alegra poder ayudarte, es una buena excusa para conocernos, ¿no crees?

Bueno, a mí no me molesta en lo más mínimo tenerla como enfermera personal.

-Claro, me parece muy bien. Muchas gracias por ayudarme, enfermera Atenea.

Se pone a reír. Una risa preciosa.

-Venga, basta de charla - dice la curandera, que acaba de entrar. - Si no te das prisa vas a llegar tarde a clase. Vamos chico, quítate el pijama, hay que curar esa herida.

Me siento en la cama, y me quito la parte de arriba, y con el movimiento noto que hoy me duele más la espalda.

Atenea pone un botiquín a mi lado, y empieza a curarme la herida. Me estremezco un poco de dolor. Ella me acaricia el brazo, de arriba abajo, en un intento de reconfortarme.

-Lo siento, intento no hacerte daño, pero debo lavar la herida bien.

-Lo estás haciendo muy bien Atenea. Es normal que hoy le duela más, ya que ha dormido encima de la herida. Venga, sigue -dice la curandera. Joder, que poco le importa que me duela.

Atenea termina de curar la herida mientras me cuenta lo que va a hacer hoy en el colegio, y que más tarde podemos pasar un rato juntos para que no me aburra. Me alegra que quiera pasar un rato conmigo.

-Bueno, me tengo que ir. ¡Nos vemos más tarde!

-Adiós Atenea, ¡que te vaya bien en clase! -le deseo con una sonrisa, que ella me devuelve.


En cuanto sale por la puerta, la curandera me pide que la ayude. Preparamos juntos algo de desayuno: avena con leche y frutos del bosque. No me gusta la avena, pero bueno.
En el plato de mi madre pone unas gotas de lo que supongo es el jarabe que te hace decir tonterías y estar tan relajado.

-A mí no me pongas de eso, por favor -le pido a la curandera.

-Ya te gustaría a ti probar mi jarabe milagroso. Tú no lo necesitas. Te vas a conformar con un ibuprofeno y agua -Qué amargada, pero me sirve. -Pero primero acábate toda la avena. No debes tomar ibuprofeno con el estómago vacío. Y las bayas también, que son muy buenas.

Parece mi abuela, pero en versión desagradable.

Me siento en una mesa que hay en una habitación común, que hace la función de comedor y salón. La curandera va a lavar a mi madre mientras está dormida.

La Isla: InfernumDonde viven las historias. Descúbrelo ahora