Querido Ax 2.0:
Hoy fue un día que ni siquiera en mis peores pesadillas podría haber imaginado. Me desperté con un peso en el pecho y una sensación que solo podía describir como la calma antes de la tormenta. Después de la cita con el médico, supe que la tormenta se había desatado por completo, y lo peor era que ni siquiera tenía claro cómo enfrentarla.
La enfermedad crónica que me habían diagnosticado me hizo replantear todo. El tratamiento era costoso, y mi cuenta bancaria no ofrecía una solución viable. La idea de continuar trabajando en la oficina, enfrentándome a mis tareas diarias mientras lidiaba con este problema monumental, parecía casi ridícula. Sabía que no podía seguir así.
En la mañana, mientras me preparaba para ir a la oficina, me encontré en un estado de desolación y determinación. La noticia del médico era como una sombra que se cernía sobre mí, y no tenía la energía para enfrentarla y al mismo tiempo lidiar con mi trabajo. Decidí que tenía que dar el paso más difícil: renunciar sin hacer mucho ruido.
Cuando llegué a la oficina, traté de actuar con normalidad. Max se quedó en casa, así que mi día comenzó sin el caos habitual que él suele causar. Pasé la mañana revisando mis tareas y asegurándome de que todo estuviera en orden. Con cada minuto que pasaba, la decisión que había tomado se sentía más definitiva.
Durante el almuerzo, me dirigí a la sala de recursos humanos y entregué mi carta de renuncia. En la carta, expliqué que, por razones personales, debía dejar el trabajo. No mencioné nada sobre mi enfermedad; preferí mantenerlo en privado. Después de entregar la carta, me sentí un poco aliviada, aunque el nudo en mi estómago seguía presente.
El resto del día transcurrió con una sensación de desconcierto. Alexander no estaba en la oficina cuando entregué mi renuncia, y no tuve la oportunidad de hablar con él antes de irme. Decidí que era mejor así. No podía enfrentar una conversación emocional en ese momento. Mi mente estaba demasiado abrumada como para tener una charla significativa.
Al final del día, recogí mis cosas de mi escritorio, me despedí brevemente de mis compañeros de trabajo, y salí de la oficina por última vez. No había habido grandes despedidas, ni lágrimas, solo un sentimiento de vacío y de resolución. Me dirigí a mi coche con el peso de la decisión que había tomado y la incertidumbre sobre el futuro.
Al llegar a casa, intenté mantenerme ocupada para distraerme de la realidad. Limpié, organicé y traté de distraerme con tareas domésticas, pero la verdad seguía presente, implacable y fría. La sensación de haber cerrado un capítulo importante en mi vida era tan palpable como el vacío que sentía en mi corazón.
No he hablado con Alexander desde entonces. He evitado el teléfono y las redes sociales, sabiendo que no tendría la fortaleza para enfrentar la posible preocupación o los intentos de consuelo. Mi vida está en un punto de inflexión y, aunque me duele no poder explicar las razones detrás de mi decisión, sentí que era lo mejor en este momento.
El futuro es incierto, y el tratamiento que necesito está fuera de mi alcance financiero, pero estoy decidida a encontrar una solución, por más difícil que sea. La vida sigue, y tengo que enfrentarla con la misma determinación con la que enfrenté mi trabajo, aunque ahora lo haga desde una perspectiva completamente diferente.
Siempre tuya, Mika

ESTÁS LEYENDO
Las Crónicas de Mika: Torpeza y Travesuras
Humor"Las Crónicas de Mika: Torpeza y Travesuras" sigue a Mika, una joven de 20 años que parece tener un imán para el caos. Junto a su travieso perro Max, Mika enfrenta una serie de desastres hilarantes, desde mañanas desastrosas hasta entrevistas de tra...