20. Nate Gallanger, pianista nato

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POV ALEX

Nate y yo caminamos juntos hacia la salida del instituto, dejando atrás a Cameron y Brandon, que seguían en el pasillo, seguramente intentando digerir lo que acababa de pasar. Aunque sentía un nudo en el estómago por haber sido tan directa, también me sentía liberada. Necesitaba algo de espacio, y estar con Nate me ofrecía justo eso.

- Gracias por rescatarme de esa situación - dije mientras caminábamos hacia la calle. Le lancé una sonrisa, intentando relajarme.

- No hay problema, aunque no sabía que iba a causar tanto drama solo por hablar contigo - respondió Nate, riendo suavemente. Luego, me miró con curiosidad - ¿Siempre son así de... protectores?

- Eso parece - dije, suspirando - A veces siento que no pueden evitarlo, como si estuvieran en constante competencia. Es agotador.

Nate asintió, pero no insistió en el tema, lo cual agradecí. En lugar de eso, me ofreció una salida.

- Oye, ¿sabes? Me gustaría enseñarte algo esta tarde. No es un helado, pero es mucho más interesante. ¿Tienes tiempo? - me preguntó con una sonrisa intrigante.

- ¿Algo más interesante que estudiar Física? Suena tentador - respondí, riendo. Luego asentí - Claro, tengo algo de tiempo.

Nate y yo quedamos esa misma tarde, me condujo por el centro de la ciudad hasta un pequeño estudio de música que nunca había visto antes. Las paredes de vidrio dejaban entrever una sala llena de instrumentos, y el ambiente era acogedor y relajado.

- Trabajo aquí a veces, dando clases de piano a los niños - explicó Nate mientras entrábamos - Es uno de mis pasatiempos favoritos, y pensé que tal vez te gustaría escuchar algo.

Mis ojos se abrieron con sorpresa. ¿Piano? No me lo esperaba.

- ¿Sabes tocar el piano? - pregunté, intrigada.

- Sí, desde que era un crío. Es algo que siempre me ha relajado - dijo mientras se sentaba frente al piano que estaba en el centro de la sala. Luego me lanzó una mirada juguetona—. ¿Te gustaría escuchar algo?

- Por supuesto - respondí, tomando asiento en una de las sillas cercanas, curiosa por lo que vendría.

Nate apoyó los dedos sobre las teclas con una naturalidad que me dejó impresionada, y sin mucho preámbulo, comenzó a tocar una melodía suave y envolvente. Las notas se deslizaban con fluidez bajo sus manos, y el sonido llenaba la sala con una armonía que me dejó sin palabras.

El tiempo pareció detenerse mientras tocaba. Cerré los ojos por un momento, dejando que la música me envolviera. No solo era hábil, sino que había algo en la forma en que tocaba que transmitía paz, una tranquilidad que parecía resonar en lo más profundo de mí. Era justo lo que necesitaba después del caos del día.

Cuando terminó, abrí los ojos y lo encontré sonriendo, como si estuviera midiendo mi reacción.

- Eso ha sido... increíble - dije, aún un poco aturdida por la belleza de la pieza.

- Me alegra que te haya gustado - respondió Nate, mientras se apartaba del piano y se sentaba a mi lado - A veces, cuando todo se vuelve un caos, tocar el piano es la única manera en que puedo aclarar mi mente.

Asentí, entendiendo lo que quería decir. La gimnasia era lo mismo para mí. Al menos, cuando podía hacer lo que hacía antes. Ahora, todo era diferente, y me estaba costando más de lo que quería admitir volver a encontrar mi equilibrio.

- Yo solía sentirme así con la gimnasia - le confesé, mirando mis manos - Pero después de lo que pasó... me está costando volver a confiar en mi cuerpo, en que puedo hacerlo sin hacerme daño otra vez.

Calla y bésameHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora