12 La Prueba del Fuego

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Capítulo 12: La Prueba del Fuego

Unos días después, ocurrió algo que cambió el curso de todo.

Era una tarde de invierno, y Hogwarts estaba cubierto por una fina capa de nieve. Los estudiantes disfrutaban de la belleza del castillo en la estación fría, pero Draco apenas podía pensar en otra cosa que no fuera la creciente sensación de que su control se estaba escapando. No era solo el vínculo incompleto lo que lo atormentaba; también estaba el hecho de que cada vez que alguien se acercaba demasiado a Hermione, sentía una ira primitiva apoderarse de él.

Ese día, en una de las clases conjuntas de pociones, Ron y Hermione trabajaban juntos en una poción compleja. Ron, siendo Ron, bromeaba y reía, y cada vez que tocaba a Hermione o se acercaba demasiado, Draco sentía que la sangre le hervía.

Mientras él y Blaise Zabini trabajaban en su poción, Draco intentaba mantener la calma, pero no podía evitar lanzar miradas furiosas a Ron. Cada carcajada, cada roce casual entre Hermione y su amigo hacía que los músculos de su cuerpo se tensaran.

Finalmente, cuando Ron tocó el hombro de Hermione para llamarla, fue demasiado. La magia Veela dentro de Draco explotó

—¡Weasley! —rugió Draco, con una voz tan llena de ira que todo el salón de clases se detuvo en seco.

Ron se giró, sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo, Draco ya había cruzado la distancia entre ellos en dos zancadas. Sus ojos, ahora brillando de un color plateado intenso, parecían listos para desatar un caos.

—No la toques —advirtió Draco, su voz apenas un susurro amenazante.

Hermione, asustada por la reacción de Draco, intentó intervenir.

—¡Draco, para! No es lo que piensas.

Pero Draco no escuchaba. Estaba completamente bajo el control de sus instintos Veela, y sus ojos no se apartaban de Ron.

—¿Qué demonios te pasa, Malfoy? —gritó Ron, levantándose de su asiento—. ¡No estoy haciendo nada!

En ese momento, la profesora Slughorn intervino, tratando de calmar la situación, pero Draco no retrocedía. Era como si estuviera cegado por la rabia, y Hermione supo que si no hacía algo pronto, la situación podría salirse de control.

—¡Draco, mírame! —gritó ella, interponiéndose entre ambos.

Él la miró, y por un breve segundo, la furia en sus ojos se desvaneció. Pero el control que estaba perdiendo seguía siendo evidente.

—Por favor —suplicó Hermione—, cálmate. No quiero que esto termine mal.

Draco respiraba con dificultad, luchando por controlar su magia. El aura de Veela que emanaba de él se sentía en el aire, como una presión palpable sobre todos en la habitación.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Draco dio un paso atrás. Hermione exhaló, aliviada. Pero sabía que las cosas no podían seguir así. Draco no podía seguir luchando solo contra su naturaleza, y ella no podía seguir postergando lo inevitable.

 "El vínculo del Veela"  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora