Extra Scorpius Recibe la Carta para Ir a Hogwarts

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Capítulo Extra: Scorpius Recibe la Carta para Ir a Hogwarts

Era una tranquila mañana de verano en la Mansión Malfoy. El sol se filtraba suavemente a través de los ventanales, iluminando el lujoso pero acogedor salón donde Draco y Hermione disfrutaban de un desayuno en paz. Aunque la vida había cambiado mucho desde sus propios días en Hogwarts, en muchos aspectos las cosas seguían igual: la rutina de las mañanas en familia, los días llenos de actividades, y por supuesto, la emoción que siempre traía consigo el inicio de un nuevo curso escolar.

Pero esa mañana en particular era especial. Era el día en que Scorpius cumpliría once años, y en la mansión Malfoy, se respiraba una sensación de expectativa. Sabían que la carta de Hogwarts llegaría en cualquier momento.

Scorpius, sentado en la mesa del desayuno, parecía más nervioso de lo usual. Desde que podía recordar, había escuchado las historias de sus padres sobre sus días en Hogwarts: los hechizos, las aventuras, las amistades. Ahora, estaba a punto de comenzar su propio capítulo en la legendaria escuela de magia, y no podía evitar sentir una mezcla de emoción y ansiedad.

—¿Crees que llegará hoy? —preguntó Scorpius con un tono de inquietud, mientras revolvía su jugo de calabaza con la cucharita.

Hermione le dedicó una sonrisa reconfortante mientras servía té.

—Por supuesto que llegará hoy. A todos los niños les llega su carta el día que cumplen once. Es solo cuestión de tiempo.

Draco, que estaba sentado junto a Hermione, le lanzó a su hijo una mirada confiada.

—No te preocupes, Scorpius. La lechuza de Hogwarts nunca se equivoca. Llegará justo cuando menos lo esperes.

Scorpius asintió, aunque sus dedos tamborileaban inquietos sobre la mesa. De repente, el sonido de un aleteo se escuchó en la distancia.

Hermione alzó la vista y sonrió ampliamente.

—Parece que ya no tendrás que esperar más.

En ese preciso momento, una lechuza marrón entró por la ventana abierta, llevando en su pico un sobre de pergamino amarillento, con el sello inconfundible de Hogwarts. La carta aterrizó suavemente frente a Scorpius, quien la miró con los ojos muy abiertos.

Draco y Hermione intercambiaron una mirada de orgullo, recordando el momento en que recibieron sus propias cartas, tantos años atrás.

—Vamos, hijo. Ábrela —dijo Draco con una sonrisa.

Scorpius, con manos temblorosas, rompió el sello y desplegó la carta. Sus ojos recorrieron las líneas escritas con esa caligrafía inconfundible, y una sonrisa de pura alegría iluminó su rostro.

—¡Me aceptaron! —gritó, levantándose de un salto—. ¡Voy a ir a Hogwarts!

Hermione se levantó rápidamente y lo abrazó con fuerza.

—Sabíamos que lo harías, cariño. ¡Estamos tan orgullosos de ti!

Draco, con una sonrisa más contenida pero claramente emocionado, puso una mano en el hombro de su hijo.

—Prepárate para la aventura de tu vida, Scorpius. Hogwarts te cambiará de formas que no puedes imaginar.

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**Preparativos para el Gran Día**

Los días siguientes pasaron en un torbellino de preparativos. Hermione y Draco llevaron a Scorpius al Callejón Diagon para comprar todos sus suministros: varita, túnicas, libros, y por supuesto, un caldero nuevo. Scorpius estaba especialmente emocionado por visitar la tienda de Ollivanders, donde sabía que recibiría su primera varita.

Cuando entraron a la tienda, el ambiente polvoriento y mágico era tal y como Hermione lo recordaba.

—He estado esperando por este momento —susurró Scorpius mientras Ollivander lo observaba con ojos sabios.

Después de varios intentos con varitas que no parecían adecuadas, Ollivander finalmente encontró la indicada. Una varita de madera de ciprés, con núcleo de fibra de corazón de dragón. En cuanto Scorpius la sostuvo, un resplandor suave llenó la tienda, y Ollivander asintió con aprobación.

—Una varita muy especial para un joven muy especial —dijo el anciano, mirando a Scorpius con un brillo en los ojos—. Estoy seguro de que tendrás un gran destino.

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**El Primer Día en el Andén 9¾**

El 1 de septiembre llegó más rápido de lo que Scorpius había imaginado. La estación de King's Cross estaba llena de familias mágicas y no mágicas, todas con el mismo propósito: llevar a sus hijos al expreso de Hogwarts. Scorpius, con su baúl listo y una lechuza en una jaula, caminaba al lado de sus padres, sintiendo la emoción crecer en su pecho.

Cuando llegaron al Andén 9¾, el vapor del tren y el bullicio de los estudiantes le hizo sentir una oleada de nerviosismo. Pero Hermione se agachó para estar a su altura y le dedicó una mirada tranquila.

—Tendrás un maravilloso año, Scorpius. No te preocupes por nada. Tienes todo lo que necesitas para triunfar.

Draco, siempre un poco más serio pero igualmente orgulloso, le dio un apretón de hombros a su hijo.

—Haz amigos, pero también sé tú mismo. No te preocupes por lo que otros puedan pensar. Hogwarts es tu oportunidad de descubrir quién eres.

Scorpius asintió, tragando un nudo en la garganta mientras miraba el tren. Sabía que sus padres estaban emocionados por él, pero también sentía la presión de estar a la altura de sus expectativas.

Finalmente, con un último abrazo de sus padres, Scorpius subió al tren. Encontró un compartimento vacío y se sentó junto a la ventana, viendo cómo el andén se llenaba de estudiantes despidiéndose de sus familias.

Cuando el tren comenzó a moverse, Scorpius miró hacia atrás y vio a Draco y Hermione, de pie uno junto al otro, agitando sus manos. Sentía una mezcla de emociones: miedo, emoción, nostalgia, y una profunda determinación de hacer que sus padres se sintieran orgullosos.

A medida que el tren se alejaba de la estación y Hogwarts se aproximaba en el horizonte, Scorpius supo que su aventura apenas comenzaba. Como sus padres le habían dicho tantas veces, Hogwarts cambiaría su vida. Y aunque el camino no sería fácil, estaba listo para enfrentar todo lo que el mundo mágico tuviera para ofrecerle.

 "El vínculo del Veela"  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora