Alicia
*
El torbellino de imágenes aún danzaba tras mis párpados, una caótica sucesión de recuerdos. De alguna manera inexplicable, la vida de Axel, cruda y visceral, se había filtrado en mi consciencia, dejándome al borde de la incredulidad. Aquello no podía ser real, y sin embargo, los ecos de sus recuerdos resonaban con una inquietante familiaridad en lo más profundo de mi ser.
—Perdóname… por favor, perdóname —la voz de Axel era un hilo apenas audible, un susurro rasgado que escapaba de sus labios con un profundo eco de sufrimiento.
Yacía sobre mi regazo, su cuerpo laxo e inerte. La vibrante energía que había sentido momentos antes se había desvanecido, reemplazada por una escalofriante quietud. Era como si su propia esencia se hubiera agotado, dejando tras de sí una frágil envoltura vacía.
—¿Qué debo perdonarte? —mi voz temblaba ligeramente, la pregunta apenas un murmullo por encima del frenético latido de mi corazón—. ¿Qué… qué es todo esto?
Una presión sofocante oprimía mi pecho, el peso de lo inexplicable aplastándome mientras intentaba desesperadamente encontrarle sentido a lo imposible.
Con un esfuerzo visible, Axel intentó incorporarse, sus movimientos torpes y débiles. —Por mi culpa, no tendrás una vida tranquila, Alicia —jadeó, con la voz tensa—. Nunca debí acercarme a ti. Nunca debí dejar que mis instintos me dominaran.
Un resplandor carmesí comenzó a emanar de sus ojos, el escarlata vibrante un contraste inquietante con la palidez de su piel.
Bajo mi mirada atónita, las heridas lacerantes y enrojecidas de sus muñecas se cerraban visiblemente, la carne uniéndose sin dejar rastro, como si nunca hubieran sido desgarradas.
—Necesito que me expliques todo —las palabras fueron una súplica desesperada, el único pensamiento coherente que lograba abrirse paso a través del caos que nublaba mi mente.
Axel inspiró profundamente, su pecho subiendo y bajando de forma irregular, antes de que finalmente pareciera reunir la fuerza necesaria para hablar.
—Soy el producto de un gran pecado, Alicia —comenzó, su voz grave y sombría—. Uno de los peores en toda la historia. —Hizo una pausa, su mirada distante, como si se esforzara por ver a través de la niebla del tiempo—. Mi madre era una prostituta en un pequeño pueblo… hace siglos.
—¿Siglos? —la palabra flotó en el aire, cargada de incredulidad.
—No tenía familia, ni amigos, nada en este mundo más que la necesidad de venderse para sobrevivir —una sombra oscureció su rostro—. Pero alguien vino a salvarla. O al menos eso parecía. En aquellos tiempos, existían ciertas creencias sobre espíritus protectores que velaban por la aldea, antiguas deidades que cuidaban de su gente.
—¿Y qué tiene que ver tu madre con eso? —la curiosidad, punzante e insistente, comenzaba a desplazar el miedo paralizante.
—Ella fue salvada por uno de esos espíritus —hizo una pausa, un atisbo de dolor cruzando su rostro. Contar aquella historia parecía causarle un sufrimiento físico—. Él la guio hacia una vida mejor, la ayudó a escapar de aquel burdel. Pero un día, ese espíritu transgredió todas las leyes ancestrales y se enamoró de ella. Adoptó forma humana e hizo todo lo posible por conquistar su corazón, sin importar el precio que tuviera que pagar.
—¿Y por qué estaba prohibido? ¿Qué tiene de malo amar a alguien? —interrumpí, con el ceño fruncido por la confusión.
—El amor es el mayor caos que uno puede desatar, un arma de doble filo. Si amas a alguien, debes estar dispuesto a pagar un precio por ese amor. Ni siquiera el odio puede infligir tanto daño —una expresión de profunda tristeza se grabó en sus facciones—. Mi madre tuvo que pagar ese precio con su vida.
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Axel
Teen FictionEn este juego ¿Eres cazador o eres una presa? Todo es lo que parece ser, nada es lo que no parece. Y al mismo tiempo todo es al revés. Una mirada basta y sobra para caer en la red pero... ¿Es la presa quien en realidad corre peligro? ¿Es la oveja ta...
