17: Confía en Mí

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Alicia

*

Mis párpados se sintieron pesados, pegados, y la luz que se filtraba a través de ellos era tenue y desconocida. 

Cuando por fin logré abrirlos, el entorno que me rodeaba era completamente ajeno. No era mi habitación, con sus paredes color crema y mis pósters desgastados. Este espacio era más amplio, con cortinas gruesas que amortiguaban la luz exterior y muebles de madera oscura que emanaban una sobria elegancia. Un silencio denso envolvía el lugar, roto solo por el suave roce de las sábanas mientras me incorporaba lentamente.

¿Dónde carajos estaba?

En una esquina de la habitación, sentada en un sillón tapizado en terciopelo color vino, una figura femenina me observaba con fijeza. En tanto reparé en ella me sobresalté.

Su rostro era joven, de facciones delicadas y ojos penetrantes que parecían analizar cada uno de mis movimientos. Una melena oscura y larga caía en cascada sobre sus hombros, enmarcando su rostro pálido. Su mirada no era hostil, pero sí intensa, casi inquisitiva.

Un escalofrío recorrió mi espalda al darme cuenta de mi total desorientación. —¿Quién… quién eres? ¿Dónde estoy? —mi voz sonó áspera y quebrada por la confusión.

La chica esbozó una leve sonrisa, que no llegaba a sus ojos. —Mi nombre es Lydia. Y estás en un lugar seguro, Alicia. Axel te trajo aquí.

—¿Axel? ¿Por qué? ¿Dónde está el?

—Él sintió que corrías peligro —explicó Lydia, levantándose con una gracia felina—. Su hermano… el psicópata del que te habló… él no podrá entrar aquí. Esta es una mansión con mucha seguridad. Axel quería asegurarse de que estuvieras a salvo.

Así que estaba en una mansión —pensé—. Definitivamente ésto no me lo esperaba. Hablaba enserio con lo de no dejarme volver a casa.

—Espero que te guste la decoración que elegí.

Unos minutos después, Lydia me ofreció ropa nueva, doblada cuidadosamente sobre una silla. Un conjunto cómodo y elegante, muy diferente a lo que solía usar, pero parecido a lo que ella vestía. 

También me indicó un baño contiguo, amplio y lujoso, con una ducha de hidromasaje que invitaba a relajar los músculos tensos por la reciente conmoción, a lo que no me pude resistir. 

El agua caliente alivió parte de mi ansiedad, y estaba agotada, aunque la incertidumbre seguía como un nudo apretado en mi estómago.

Vestida con la ropa nueva, me sentí ligeramente más compuesta, aunque la sensación de irrealidad persistía. 

Lydia me esperaba fuera del baño con una sonrisa más cálida esta vez. —Vamos, te están esperando —dijo, guiándome por un pasillo decorado con cuadros abstractos y lámparas de diseño.

Este lugar era demasiado lujoso, con cada decoración cuidada a detalle. Desde la iluminación a los colores, todo gritaba lujo.

Llegamos a una puerta doble de madera oscura, que Lydia abrió con suavidad. 

Al entrar, me encontré en una sala de reuniones espaciosa, iluminada por grandes ventanales que ofrecían vistas a un jardín exuberante. En el centro de la habitación, una larga mesa de caoba estaba rodeada por otras personas. Axel estaba allí, su rostro aún pálido pero con una determinación firme en sus ojos escarlata.

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⏰ Última actualización: Mar 30, 2025 ⏰

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