3.4 La decisión de Naomi.

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Anon asintió, entendiendo que era mejor no discutir. Si Naomi necesitaba distraerse, él le daría una buena distracción y el también necesitaba una... Así que eligió un maratón de películas de culto, centrándose en Quentin Aquilontino, su director favorito en cuanto a acción y estilo. Además, sabía que algunas de sus películas eran lo suficientemente intrigantes y sofisticadas como para captar el interés de Naomi y al mismo tiempo crudas y divertidas como le gustan a él.

La sala pronto se llenó de los sonidos de disparos, diálogos afilados y escenas llenas de tensión. Naomi, a pesar de su malestar, se quedó fascinada con la famosa escena del baile entre Uma Thurman y John Travolta en Pulp Fiction. Se recostó en el sofá, algo más relajada, y murmuró con una pequeña sonrisa en los labios.

"Me encanta esta escena... es tan... hipnótica."

Era extraño Naomi sintió que por un momento estuvo en una especie de trance... pudo verse así misma y a Anon mirando el horizonte desde una cornisa mientras decían palabras inentendibles... ella intento tocar su mano, pero se detuvo y muchas otras escenas pasaron por su cabeza de golpe, la más dolorosa fue ver como ella en un vestido de novia encerró a llorar en un baño... por perderlo... pero ¿Qué perdió...

Ella volvió del trance que al parecer no duro ni un segundo, pero una enorme sensación de vacío invadió su corazón.

La sala pronto se llenó de los sonidos de disparos, diálogos afilados y escenas llenas de tensión. Naomi, a pesar de su malestar, se quedó fascinada con la famosa escena del baile entre Uma Thurman y John Travolta en Pulp Fiction. Se recostó en el sofá, algo más relajada, y murmuró con una pequeña sonrisa en los labios.

—Me encanta esta escena... es tan... divertida. —
Anon, que había estado observando su reacción, se sintió aliviado de ver que, al menos por ahora, las películas lograban sacarla de su mal humor.

El helado se había acabado. Naomi, con una voz más apagada que de costumbre, le dijo a Anon que había comprado algunos litros más que estaban en la nevera. —Ve por el de pistache, por favor. —

Anon asintió y se levantó sin pensarlo demasiado. Caminó hasta la cocina, abrió el refrigerador y sacó el bote de pistache. Justo cuando lo tenía en las manos, sonó el timbre.

Naomi, todavía abatida, ni siquiera hizo el intento de levantarse. —Anon... ¿puedes abrir tú? No tengo ganas... —

Anon aceptó y, mientras se dirigía a la puerta, una sensación de incomodidad lo invadió. Por favor, que no sea quien creo que es... pensó. Abrió la puerta y ahí estaba: Naser.

El corazón de Anon dio un vuelco. "Mierda... este tipo me va a dar una paliza," pensó con nerviosismo. Pero, para su sorpresa, Naser no parecía enfadado. Solo lo saludó con una mirada cansada y dijo, casi en un susurro— Supongo que era verdad... —Anon no supo qué decir, pero antes de que pudiera reaccionar, Naser continuó —Naomi me contó todo. Solo... solo quería darte las gracias, Anon. Si no hubieras estado ahí... no sé qué habría pasado con Naomi, soy un pésimo novio... maldita sea. —

Naser se veía devastado, sus hombros caídos y su voz llena de arrepentimiento. Anon, viendo el estado en el que estaba, decidió hablar con calma, intentando aliviar un poco la tensión. —Mira, Naser, tal vez no hayas hecho todo bien, pero eso no significa que todo esté perdido. Todavía puedes compensar las cosas... si realmente lo quieres... no, debes hacerlo es lo mínimo que puedes hacer por ella— Anon se sintió aliviado por ver que Naser no se enojó.

Naser suspiró profundamente, y tras una pausa, dijo —Quisiera saber... ¿qué tan cercanos son ustedes? Si no es mucha molestia. —

Anon lo miró por un momento, notando la mezcla de inseguridad y dolor en los ojos de Naser. Parecía que las palabras se le atascaban en la garganta, buscando el valor para decir algo, cualquier cosa que pudiera aliviar la tensión que llevaba encima. Finalmente, Anon suspiró, desviando la mirada por un instante antes de hablar.

Dos perdedoresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora