8.4 Reconciliación

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Anon P.V
Las cosas continuaron su curso, y el lunes, durante el almuerzo, Naomi me dio una noticia que parecía querer iluminar el día, aunque su expresión sugería lo contrario.

—Mis padres lograron convencer a Mia... iremos a visitarla —me dijo, con una sonrisa que parecía algo forzada—. Aunque todavía tendré que esperar unas tres semanas hasta que consiga unos días libres de su trabajo.

Me alegraba por ella, realmente, pero algo en su mirada se notaba diferente, como si le faltara la chispa que solía tener cuando hablaba de algo que la emocionaba. Eso me dejó con cierta curiosidad, así que me animé a preguntar:

—¿Cómo te llevas con tu hermana? —dije, tratando de sonar casual, aunque sabía que era una pregunta pesada.

Naomi suspiró, y su expresión se tornó un poco sombría, como si reviviera recuerdos que no terminaban de acomodarse bien en su mente.

—Antes... mal —admitió, resignada—. No sé por qué, pero siempre me tuvo cierto rencor, una especie de resentimiento que nunca logré comprender del todo. —Hizo una pausa, como si buscara las palabras correctas en algún rincón de su mente—. Pero ya van cinco años desde la última vez que supe algo de ella. Y, sinceramente, tengo la esperanza de que haya cambiado. —Su tono sonaba genuino, casi vulnerable—. Si yo he cambiado tanto en tan poco tiempo... quiero creer que ella también lo hizo en estos cinco años. —

Puse una mano sobre su hombro, buscando reconfortarla de alguna manera, y le ofrecí una sonrisa sincera.

—Estoy seguro de que será así —le dije, transmitiéndole toda la certeza que podía—. Cuando vea el cambio en ti, tu nueva versión, creo que será difícil que no se acerquen. Y, si tú puedes tener fe en ella, yo también la tengo. —

Naomi me devolvió una sonrisa, un poco más ligera, como si mis palabras hubieran aliviado un poco la carga que llevaba en el pecho. Luego, seguimos comiendo en silencio, ambos sumidos en nuestros pensamientos.

Al final de la jornada, llegó la hora de la salida, y con ella, la inevitable tarea de ayudar a Naomi con el papeleo del consejo estudiantil. Respiré hondo, preparándome mentalmente para el trabajo que se avecinaba, cuando de repente me encontré con Naser a medio camino. Parecía esperarme, y no pasó mucho antes de que me detuviera.

—Oye, Anon, ¿te gustaría ir por una Moe? —me preguntó, con una seriedad que rara vez le veía en el rostro.

Iba a decirle que estaba ocupado, pero Naser levantó una mano para detenerme, como si ya hubiera anticipado mi respuesta.

—Le pedí permiso a Naomi —dijo en un tono firme, pero tranquilo—. En serio necesito hablar contigo. —

La expresión en su rostro me dejó claro que era algo importante. Si Naomi ya le había dado su visto bueno, no veía razón para negarme. Posiblemente hoy no me necesita tanto.

Llegamos a Moe's, y esta vez no fuimos recibidos por el mismísimo Moe, lo cual era algo inusual. En lugar de eso, Naser hizo el pedido habitual con las encargadas, quienes parecieron entender perfectamente, como si ya conocieran nuestras preferencias de memoria. Nos asignaron una mesa al fondo del local, donde el bullicio era menor y se podía charlar sin interrupciones.

Una vez que nos sentamos, lo miré con algo de curiosidad y sin perder tiempo solté:

—Me sorprende que me hayas pedido hablar a solas, Naser, después de todo el drama que hemos tenido. —

Él bajó la mirada y dio un largo suspiro antes de responder.

—Lo sé, y lo siento —dijo, con una sinceridad que raramente mostraba—. Estoy tratando de mejorar, pero... todavía tengo mucha mierda por limpiar en mi vida. —Hizo una pausa, como si organizara sus pensamientos—. Por eso también quería disculparme por la última vez, cuando te pedí que dejáramos de ser amigos. No era lo que realmente quería... lo dije porque estaba frustrado, atrapado en el momento, y no estaba pensando con claridad. —

Dos perdedoresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora