E1

214 20 12
                                        

Antony tomó una decisión. Contra toda emoción o compasión que pudiera sentir, decidió escuchar a su lado racional, al frío razonamiento que había guiado muchas de sus acciones en el pasado. Endureció su voz, dejándola tan cortante como el hielo, y dijo sin dudar:

—Debió de ser un indeseable que se robó el botón. No le he dado ningún distintivo a ningún humano. No me importa.

Antony P.V
El médico al otro lado de la línea guardó silencio unos segundos. La pausa fue incómoda, como si estuviera calibrando la gravedad de lo que acababa de escuchar. Finalmente, habló con un tono de molestia evidente, pero profesional:

—Usted tiene la última palabra. Solo espero que no se arrepienta de su decisión, señor. Que tenga un buen día.

Sin esperar respuesta, colgué el teléfono. La conversación había terminado, pero el peso de lo que acababa de decir todavía flotaba en el aire. Arrojé el teléfono al sillón con un gesto brusco, casi como si quisiera librarme de la responsabilidad que acababa de asumir. Esto era lo correcto. Lo sabía.

Con Anon fuera de la ecuación, las cosas serían mejores. Naomi podría volver a centrarse en sus estudios, en su futuro, en algo más digno de ella. Me repetí eso una y otra vez, como un mantra, intentando calmar esa pequeña pero persistente voz que me decía que algo no estaba bien.

Sin embargo, el tiempo comenzó a demostrar lo contrario.

Dos días después
El eco de mi decisión golpeó con fuerza. Naomi estaba fuera de sí. La desesperación que vi en sus ojos me heló la sangre. Ella buscaba a Anon por toda la ciudad, ignorando por completo el peligro, sumida en una angustia que nunca antes había presenciado en ella.

—Papá, necesito ir a Skinrow. Anon no responde mis llamadas... estoy preocupada, tengo un mal presentimiento, no lo encuentro en ningún lado y el director Spears me dijo que no fue a presentar el examen. —me dijo con una voz cargada de súplica, mientras me miraba con ojos llenos de miedo y desesperacion.

Skinrow. Esa maldita zona de la ciudad que ni siquiera los más valientes frecuentaban. No podía permitir que fuera sola. Ordené a dos de mis hombres que la acompañaran, que la protegieran mientras recorría las calles más peligrosas de la ciudad en busca de alguien que no iba a encontrar.

Todo esto es culpa de Anon. Eso me repetía, intentando justificar mi decisión. Si él hubiese conocido su luigar, Naomi no estaría pasando por esto. Pero había algo más, una punzada de culpa que no podía ignorar.

Tres días más tarde
La situación empeoró. Naomi estaba irreconocible. Su vitalidad, esa energía arrolladora que siempre había tenido, se desmoronó por completo. Las ojeras marcaban su rostro, y sus movimientos eran torpes, como si el agotamiento físico y emocional la estuviera aplastando.

—¿Por qué no haces algo? —me espetó mi esposa, su voz llena de reproche. Sus palabras me dejaron atónito.

—¿Qué quieres decir? —respondí, tratando de mantener la compostura.

—¿Qué quieres decir? ¡¿Qué quieres decir?! —repitió, su tono cada vez más cargado de ira—. ¿Cómo puedes quedarte sentado mientras Naomi está así? Deberíamos haber movilizado a todos nuestros recursos para buscarlo desde el primer momento. ¡Esto no puede seguir así! Maldita sea ni siquiera me dijiste nada por teléfono, me acabo de enterar, porque Naomi me lo acaba de decir, porque estuve fuera hasta ahora, por dios Antony.

No esperaba eso de ella. Siempre pensé que odiaba a Anon tanto como yo. Que entendía que él era una mala influencia para nuestra hija. Esto no tenia sentido, ella debería de ser la primera en negarse a esto.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Dec 21, 2024 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Dos perdedoresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora