P.V. Trish
Todo era perfecto. Mi plan estaba siguiendo su curso tal como lo había imaginado. Fang estaba exactamente donde debía estar: bajo mi control, dentro de mi órbita, y completamente ajena a los hilos que movía detrás de escena. Pero ese maldito skinnie... ese Anon, tuvo que aparecer de la nada para arruinarlo todo.
Cerré los ojos, tratando de mantener la compostura mientras mi mente viajaba al pasado. Mi dulce, mi adorada Fang... Todo era tan perfecto cuando éramos niñas.
La primera vez que la vi, tenía 8 años. Estábamos en la escuela, rodeadas de los mismos idiotas ruidosos y superficiales que siempre pululaban por esos pasillos. Pero ella... ella era distinta. Tan brillante, tan hermosa. Fang era como una flor de loto en medio de un pantano.
Solía admirarla desde la distancia, observando cómo su sonrisa iluminaba la habitación. Su color... su forma de hablar... todo en ella era hipnótico. Perfecto. Pero entonces, algo cambió. De un día para otro, su mirada se apagó. Toda la luz que la hacía única desapareció, dejándola como una sombra de lo que había sido.
Recuerdo cómo me sentí al verla así, tan triste, tan sola, tan miserable. Me acerqué a ella ese día, fingiendo empatía, ofreciéndole una mano amiga. Poco a poco, me fui ganando su confianza. Empecé a moldearla, a convertirla en algo más... algo mío.
Con el tiempo, descubrí la razón detrás de su cambio. Todo era culpa de su maldito hermano, Naser. Una estupidez que hizo la había destruido emocionalmente. Fue entonces cuando lo supe: Fang era perfecta para mí. Era como una muñeca de porcelana, hermosa y frágil, completamente manipulable.
En la secundaria, comenzamos nuestra etapa rebelde. Fue fácil llevarla por ese camino. Fang parecía más radiante cuando rompía las reglas, y yo estaba allí para asegurarme de que siempre se sintiera libre... o al menos, libre bajo mi supervisión. Pero había un problema: empezó a llamar la atención de los chicos.
Eso no lo podía permitir.
Cada vez que uno de esos idiotas se interesaba en ella, terminaban aprendiendo a respetar mi espacio. Mis puños se encargaban de eso. Por suerte, Fang nunca lo supo. Para ella, simplemente éramos nosotras dos contra el mundo, y eso era todo lo que importaba.
Fue en esa época cuando Ripley, su padre, empezó a sospechar de mis verdaderas intenciones. Me prohibió entrar en su casa, un error de su parte. Ese acto de rechazo me dio la excusa perfecta para comenzar a fracturar aún más la relación entre Fang y su familia.
Fingí ser la víctima. Le hice creer que su padre era un monstruo insensible que no entendía lo especial que éramos juntas. Y Fang me creyó. Me creyó a mí más que a él. A pesar de la prohibición, ella seguía viniendo a mi casa. Incluso soportaba a mis odiosos hermanos, esas malditas pestes que siempre estaban en medio.
Pero sabía que la preparatoria iba a ser un reto. Un nuevo nivel. Fang no mostraba interés romántico en mí, por mucho que intentara. Mis esfuerzos por acercarme de forma directa eran inútiles. Si quería que Fang fuera mía por completo, necesitaba otro enfoque.
Tenía que alejarla de todos los demás. Quebrarla hasta el punto en que no pudiera sostenerse sin mí. Hacerla dependiente, moldearla para que creyera que yo era lo único en su vida que valía la pena.
Investigué. Porque siempre investigo. La información es poder, y si quería mantener a Fang bajo mi control, necesitaba encontrar la manera de aislarla del resto del mundo. Encontré algo que me pareció perfecto: una orientación sexual tan ridícula y estigmatizada que, de aplicarla correctamente, podría convertirla en una paria social. Y una vez que lograra eso, sería mucho más manejable.
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Dos perdedores
RomantikDespues de un evento bastante triste, Anon y Nomi desarrollan una fuerte Amistad, cambiando el rumbo de todo, la decisión de cada personaje podría cambiar para siempre como las cosas ocurrirán, Naser, Fang, Naomi y Anon, tendrán que sentir el peso d...
