6.4 La cena

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Punto de vista de Anon.

Nuevamente me encontraba frente a la mansión de Naomi. Me detuve un momento antes de tocar el timbre, intentando calmar los nervios que me invadían, aunque intentaba convencerme de que no tenía motivos para estar nervioso. Después de todo, no es como si estuviera visitando a los padres de mi novia... eran solo los padres de Naomi.

Pero mientras esperaba, mi mente se llenaba de pensamientos sobre el futuro. Quedaban poco más de tres meses para la graduación, y después... universidad o el ejército, esas parecían mis únicas opciones. Pero ahora mismo no quería pensar en ello, y menos con esos pensamientos rondándome la cabeza.

Tomé aire y toqué el timbre, forzando mi mente a alejarse de esa pelea interna. Al momento, la puerta se abrió y me recibió un triceratops de tonos amarillos vestido como mayordomo. Me miró con una mezcla de sorpresa y análisis, como si no esperara ver a alguien como yo en la entrada de aquella casa. Después de un breve segundo, su expresión se volvió neutra y profesional.

—Sígame por aquí —dijo con un tono cortés y seco.

Por un instante, consideré decirle que ya conocía el camino, pero decidí no ponerme quisquilloso. Caminé detrás de él, con la incomodidad de sentirme ligeramente fuera de lugar en cada paso que daba, hasta llegar a la sala donde ya me estaban esperando. Al entrar, vi a Naomi sentada junto a su padre, Antony, un hombre de actitud amable y mirada paciente. Y junto a ellos, una parasaurio de tonos magenta, con una melena rubia impecable y una figura elegante que delataba sus años de cuidado y disciplina. Su porte y la energía que emanaba dejaban en claro que estaba frente a la famosa "hueso duro de roer" de la familia Moretti.

Naomi me hizo un gesto para que me sentara a su derecha, y me sorprendí un poco al sentir la tensión en mis hombros al sentarme. De alguna manera, todo esto parecía menos una cena casual entre amigos y más una presentación formal, como si de pronto fuera a ser evaluado como un posible... yerno, ja, no me la creo ni yo.... ¡Carajo! La idea casi me hizo toser, pero me contuve. Simplemente, intenté actuar natural.

El silencio era palpable, y yo no sabía quién debía romperlo. No quería ser ni demasiado confiado ni demasiado retraído, pero el espacio entre nosotros parecía estirarse con cada segundo que pasaba sin que nadie hablara. Los ojos de la madre de Naomi parecían evaluarme sin disimulo, y solo sentí cómo el nudo en mi garganta crecía mientras intentaba decidir qué hacer.

Justo en ese momento, Naomi puso una mano en mi hombro y me lanzó una mirada que reconocí de inmediato. Era una expresión tranquilizadora que, sin decir una palabra, transmitía claramente "Cálmate, Anon". Solté el aire lentamente y asentí, agradecido de tener a alguien que me comprendiera en medio de una situación tan tensa.

Finalmente, me animé a hablar y dirigí mi mirada hacia la madre de Naomi. Decidí mantener mi tono de voz sereno y respetuoso, aunque la incomodidad era imposible de ocultar.

—B-Buenas tardes, señora... Moretti —comencé, sintiéndome un poco torpe—. Soy Anon Y. Mous... el amigo de Naomi... solo amigo. —Las palabras salieron atropelladas y con un nerviosismo evidente.

La señora Moretti no dijo nada al principio, limitándose a levantar una ceja y a mirarme con una expresión inmutable, casi calculadora, que solo hacía que mi nerviosismo aumentara más.

La mujer me miró de una forma que nunca había experimentado tan de cerca... Esa mirada. Era la mirada de alguien que se veía por encima de los demás, con un desprecio que quemaba hasta a la distancia. No solo era una mirada de superioridad, sino que también destilaba asco. Me sentí como si hubiera cometido algún pecado al respirar el mismo aire que ella.

—Ya veo... —dijo Ella con un tono cargado de desdén, como si mi presencia fuera algo con lo que apenas podía lidiar.

No hizo ningún esfuerzo por presentarse. Para ella, presentarse frente a alguien como yo probablemente sería denigrante. Solo pude pensar en lo insoportable que debía de ser crecer bajo la sombra de una madre así, y finalmente entendí de dónde había sacado Naomi ese lado distante, casi plástico, que a veces mostraba en el pasado.

Dos perdedoresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora