Capítulo 9: Aclarando un mal entendido

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El día del paseo de fin intercambio llego, lo alumnos de la secundaria Nankatsu maleta en mano esperaban fuera de la escuela la llegada de los buses, algunos de ellos reunidos en grupos, planificando todo lo que harían los dos días que duraría el viaje, y otros solo se encontraban esperando abordar, mientras escuchaban a sus compañeros hablar.

Podemos hacer un mini torneo de fútbol en la playa, decía Tsubasa.

Es buena idea, respondían sus amigos.

Hasta viniste preparado, agrego uno de sus amigos sonriendo.

Mi amigo siempre va conmigo a donde vaya, contesto el apuesto joven de cabello desordenado en referencia a su balón.

Si, ya lo sabemos, contestaron sus amigos sonriendo.

Pero no todo puede ser futbol, expreso un joven, que había escuchado la plática de los ex integrantes del equipo de fútbol del colegio.

Cierto, ustedes juegan futbol, pero muchos de nosotros, ¡No!, agrego otro joven, recibiendo el apoyo de alguno de sus compañeros.

Pues puede haber mini torneos para todas las disciplinas deportivas, ¿No?, añadía Tsubasa, mirando a su profesor tutor, que se encontraba escuchando la plática de los jóvenes.

Claro muchacho, la idea es que todos disfruten de este paseo, expreso el maestro, mientras una castaña que llevaba una pequeña maleta se acercaba al grupo.

¡Buen día a todos! pronunció Sanae, con calidez.

Buenos días señorita Nakazawa, ¡Bienvenida nuevamente a su grupo! expreso el profesor.

¡Gracias! contesto la joven, mientras sus compañeros la miraron.

¡Hola! decían sus compañeros, entre ellos un joven de cabello desordenado, que evitaba conectar miradas con la castaña.

¿De qué hablaban?, acoto la castaña, mirando a unas jóvenes.

De las actividades que realizaremos en estos días de campamento en la playa, contesto una joven.

Los chicos del ex equipo de futbol de la escuela, proponen un mini torneo deportivo entre todas las aulas, agrego otra joven.

¿Qué juego crees que deberíamos hacer las que no practicamos algún deporte Nakazawa?, pronunció otra de sus compañeras.

Pues podemos jugar a las fuerzas por equipos, ¿No?, dijo la castaña.

Sí es buena idea, o hacer un karaoke, expreso otra joven.

Claro, respondió Sanae, mientras a la distancia, un par de jóvenes la observaban.

¿En verdad no pudiste hacer nada?, decía con molestia Kanda, a una pelinegra que estaba junto a él, a unos metros de los demás compañeros de su aula.

No, mi padrino me dijo, que él no podía imponer las listas a los tutores, porque no es ningún autoritarista, respondió con molestia Yuna.

Ni modo, tendremos que esperar hasta que lleguemos a Okinawa, para poner en marcha tu plan, respondió Kanda, con la mayor calma que pudo.

Sí, contesto la pelinegra, al tiempo que el tutor de su aula, les daba la orden de abordar el bus.

Subamos, expreso Yuna, sin dejar de mirar hacia el lugar donde estaba el joven de cabello desordenado. No se le ha acercado, ello es bueno, así ella seguirá creyendo que tú y yo tenemos algo, pensó la joven, mientras caminaba hacia su bus.

Sí, respondió Kanda, mientras pensaba: Mientras mantenga distancia, todo estará bien.

En tanto:

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