Carolina
No tuve que detenerme a pensar, no lo dudé ni un segundo. Sí, una mariposa del tamaño del mundo entero pasó por mi estómago, causando un sentimiento extraño pero perfecto; un sentimiento que jamás había experimentado.
Era extraño, las personas me decían te amo y yo les respondía a palabras vacías; no sentía nada cuando alguien me lo decía. Pero él, él me hizo sentir de verdad.—Je fais plus. —Una cálida y enorme sonrisa, se asomó por los labios de Ale.
—¿Qué carajos significa eso?. —Emma posó su mano en mi asiento y se acercó.
—Yo más. —
—¿Tú más?. ¿De qué hablas?. —
Nos miramos mutuamente antes de que Ale regresara la vista al camino.
—Estamos por llegar. —
—¡Por fin!. —Chilló Emma.
Ale aparcó y apagó el auto en el hermoso estacionamiento ambientado. Habían dos árboles de roble en la entrada, ambos decorados con luces al rededor de los troncos y un pequeño arco de madera en la puerta.
Los cuatro bajamos del vehículo y caminamos hasta adentrarnos en el lujoso restaurante,(no estaba acostumbrada a estas cosas; creo que al sitio más elegante y costoso al que he ido en toda mi vida, ha sido al Starbucks).
El restaurante estaba repleto de mesas redondas con manteles blancos y holgados, sin mencionar que las sillas estaban decoradas con listones de color vino y dorado; mientras que estos se encontraban enredados en los espacios vacíos.
—Bienvenidos a Sonnymher . ¿A nombre de quién es la reserva?. —
—Gracias. A nombre de Patrick. —Estiró la mano y mostró algo en su móvil.
—Adelante.
El amable mesero nos guió hasta el arco en la puerta trasera donde había un gigantesco jardín yendo de árboles con con velas colgando de sus ramas. Las mesas estaban hechas con troncos de lo que parecía ser roble, y las bancas eran de madera lisa pero también de roble.
—Esto es...
—Pueden tomar asiento en la mesa cinco del fondo. —Y el mesero se marchó al señalarnos la mesa.
—Admítanlo, tengo un excelente gusto. —Patrick sonrió de lado y se llevó las manos a la cintura.
—En realidad yo lo busqué. —Ale murmuró en mi oreja, haciéndome estremecer dado a que no esperaba ese repentino movimiento.
—Ya veo. —Contesté.
—Bien, muero de hambre. —Emma bufó y se sentó.
—Entonces, a comer.
La música era excelente y ni hablar de la comida; todo estaba iluminado por la luz natural de la luna y por las velas que colgaban de las ramas de los árboles. La vista era hermosa, en especial cuando miraba sus ojos. Esos ojos tan brillantes y redondos, adornados por sus pestañas chinas y cafés, esa sonrisa que lograba hacer que sus ojos se hicieran pequeños pero adorables, esos hoyuelos que acompañaban a sus hermosos labios tan lisos y suaves; esa nariz que parecía un pequeño tobogán que caía de punta y hacía que mis ganas de pasar mis labios desde el inicio hasta que aterrizaran en sus labios. Él es tan perfecto que solo basta con que sea él mismo para que todos lo amen.
Ale me miró y sonrió un par de veces mientras yo lo observaba descaradamente; casi no toqué la cena porque me encontraba tan concentrada en él, que sin darme cuenta todos habían terminado y se habían llevado mi plato.
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46 Kilómetros
RomanceA veces no nos damos cuenta de como nos cambia el tiempo. De como pensamos distinto y maduramos más. Recuerdos dolorosos, lindos, divertidos, o simplemente recuerdos. ¿Quién diría que un reencuentro puede cambiar el rumbo de tu vida? ¿Quién se imag...