Capítulo 30

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— ¡Yizhuo! — me levanté, desconcertada.

— Yo no... — intenté explicar.

—¿Tú qué? Te acabo de escuchar, Kim Minjeong — las lagrimas salían de sus ojos como si fueran caballos de carrera, destrampados por ganar —. Oí cuando se lo dijiste a Aeri, ¡Eres una maldita traidora! — gritó y al instante, sentí el sonoro golpe de la palma de su mano contra mi mejilla, produciendo un ardor instantáneo y el seguro enrojecimiento de mi piel.

Tan duro fue el golpe que, la cara se me desvió hacia un lado y Aeri tuvo que retener a mi amiga, o al menos, a la que solía serlo.

—Yizhuo, ¡tranquila! — le ordenó, asustada.

—¿Cómo quieres que esté tranquila? Si mi supuesta mejor amiga me traicionó de la manera más asquerosa posible, claro, ahora entiendo todo — no dejaba de llorar y el coraje era visible en su rostro.

Los nudos se habían quedado atascados en mi garganta, y el corazón, hecho pedazos en mi pecho, latía angustiado. Mis lágrimas eran de amargura, deseaba fervientemente que todo esto fuera una pesadilla.

—¿Cómo no me di cuenta antes? ¡¿Y tú no pensabas decírmelo?! — me empujó y Aeri volvió a sujetarla.

—Ning...

—¡Te abrí la puerta de mi casa! ¿Y me pagas robándote a mi novia, infeliz? — seguía farfullando llena de furia e hizo caso omiso a la voz de Aeri — ¡Qué estúpida fui! No puedo creer que tú... — se quedó a la mitad de la frase, le dolía bastante. La conocía y sabía que estaba hecha pedazos, cosa que solo sirvió para hundirme más en la miseria. Seguía sin poder hablar, solo lloraba y me limitaba a mirar a Yizhuo —. Hace algunos minutos estaba llorando porque te ibas — farfulló —, ahora entiendo la razón, que cobarde eres Minjeong — siseó —, pero ¿sabes? Me da gusto que te largues, maldita hipócrita, y ojala te quedes sola el resto de tu vida de mierda — me dio una última mirada despectiva, dolida, y se dio media vuelta para salir de la habitación.

Me quede inmóvil, dejando que mis lagrimas se suicidaran sin piedad; respirar me era difícil y sentía que me faltaba el aire. Aeri me miró, decepcionada —. Ve — alcancé a susurrar, con el hilo de voz que salió de mi garganta —. No la dejes sola.

Se me quedó mirando, era una mirada extraña, estaba entre la frustración y la angustia. Pero enseguida salió detrás de Ning. entonces me quedé sola, tal y como Ning lo había deseado.

Las lágrimas no se cansaban de salir y parecía como si nunca se acabaran, esto no debió de haber terminado así, ni siquiera debió tener un comienzo. Me quede inmóvil durante un par de minutos y luego, mire a mi alrededor, ya no volvería a ver a Aeri y no había tenido la oportunidad de decirle adiós.

Busqué con la mirada algún cuadernillo y divisé una hoja encima de su escritorio; tomé un bolígrafo y garabateé sobre el papel en trazos largos:

Me lo dijiste, lo sé. Disculpa todo el daño que hice, que le hice a ella. Era lo que menos hubiera querido que pasara. Agradezco todo lo que hiciste por mí, gracias por entenderme. Fuiste mi mejor amiga y nunca voy a olvidarte. Perdóname. Te quiero.

Lo dejé sobre su cama y luego, con un nuevo dolor en el pecho, salí de aquella habitación. Me deslicé como alma en pena escaleras abajo y cuando bajé a la sala para cruzar y llegar hasta la puerta, la mirada de la madre de Aeri y Jimin me detuvo.

—¿Estás bien? — me preguntó. Mantuve mi mirada baja, avergonzada y negué con la cabeza —. ¿Quieres una taza de té? — me ofreció, amable.

—Tengo que irme, se me hace tarde. Gracias de todos modos — musité e intenté dar el primer paso hacia la puerta.

el manual de lo prohibido [winrina]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora