El odio era un sentimiento horrible. La palabra "odiar" a Hayley le parecía demasiado fuerte. No le gustaba sentirlo.
Pero cuando se trataba de él no podía evitarlo. Su sonrisa de lado, su manera tan sucia de jugar Quidditch, su superioridad al trat...
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Una vez más, entre sus manos, apretaba con fuerza la pulsera de plata que pertenecía a la estudiante de Hufflepuff. Su mejor amigo lo miraba sentado desde su cama, mientras que Evan aún dormía con las cortinas cerradas.
Desde que se desvelaba por entrenar con Longbottom el chico estaba durmiendo menos que de costumbre, el único motivo por el cual no se había despertado todavía era porque había decidido faltar ese día a la salida a Hogsmeade. Rabastan odiaba que Rosier cambie su rutina por culpa de la tejona. ¿Quién se creía que era esa chica?
—¿A qué hora volvió a dormir anoche? —preguntó a Regulus. Él no tenía manera de saberlo ya que tenía una habitación propia al ser prefecto.
—No sé. Tarde, yo estaba dormido —respondió sin darle importancia—. Déjalos en paz, Rabastan. Y devuélvele esa pulsera a Longbottom. Se está volviendo realmente patético.
—¿Qué cosa? —preguntó, guardando con furia la pulsera en el bolsillo de su túnica.
—Toda la situación. Ya no tienen doce años —respondió levantándose. Rabastan lo imitó—. Dices que la odias, pero la llevaste al bosque de las hadas, andas con esa pulsera para todos lados y no puedes sacarte su nombre de la boca.
Rabastan lo miró mal y se acercó a él como si estuviese dispuesto a pelear por lo que su amigo se había atrevido a insinuar. Regulus no lo dudaba, el odio que sentía Lestrange por Hayley no tenía ni lógica ni sentido, al principio era divertido, pero cinco años después se estaba volviendo cansador de ver.
El ojiazul estaba dispuesto a responder, pero las cortinas que cubrían la cama de Rosier se abrieron, revelando al chico que había estado durmiendo hasta recién.
—Los dos tienen que sacarse su nombre de la boca —fue lo primero que dijo el chico levantándose de la cama.
Su cabello rubio estaba algo desordenado, pero su pijama de seda color negro estaba impecable. Si no fuera por sus ojos hinchados no habría manera de saber que estaba recién levantado.
—Tú tienes que sacarte otra cosa suya de la boca —soltó Rabastan.
Evan los ignoró a los dos para meterse al baño y prender la ducha, pero volvió a salir a buscar ropa y aprovechó para mirarlos antes de volver a entrar.
—Ella me gusta y yo a ella. Supéralo, no es la muerte de nadie —espetó el chico antes de encerrarse en el baño.
Sin embargo, a Rabastan no le gustaba quedarse con la palabra en la boca.
—¡Podría ser la suya y lo sabes!
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Desde su lugar, Evan podía ver a Hayley caminando apurada con James Potter persiguiéndola detrás suyo. Hacía ya un rato que los alumnos habían vuelto de Hogsmeade, él se había quedado pero convenció a Barty y a Regulus para que le trajeran algunos dulces para la semana. El primero era quien se los había alcanzado, y aunque no paraba de parlotear sobre lo que había hecho en Hogsmeade él no lo estaba escuchando.