El odio era un sentimiento horrible. La palabra "odiar" a Hayley le parecía demasiado fuerte. No le gustaba sentirlo.
Pero cuando se trataba de él no podía evitarlo. Su sonrisa de lado, su manera tan sucia de jugar Quidditch, su superioridad al trat...
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Si bien Florence había pasado los siguientes dos días intentando animar a su amiga, Hayley no podía fingir una sonrisa ni siquiera por respeto. Desde la entrada a Hogwarts experimentó mil sentimientos diferentes relacionados a la pérdida de su padre, desde tristeza por perder la pulsera que le regaló, nervios por no poder cumplir la promesa que le hizo sobre ganar la copa de Quidditch, ansias por rendirle homenaje como se merecían en el Samhain acompañada de Frank como habían acordado antes de volver al colegio.
Todo se estaba desmorando y solo llevaban menos de dos meses de clases. El Samhain estaba cada vez más cerca, ya había hablado con todos los profesores que quisieron escucharla pero nadie estaba dispuesto a cambiar la celebración. Le estaban tratando de arrebatar la oportunidad de despedirse de su padre, pero ella no dejaría que eso pasara. Iba a pelear hasta el último momento.
—Podemos buscar comida del banquete el sábado e ir a comer a la Sala Común —ofreció la rubia, enganchado su brazo con el de su amiga—. Jugamos un poco de ajedrez mágico si quieres, o Snap Explosivo, sé que es más tu estilo. No tenemos que estar en el Gran Comedor.
Hayley apretó los labios. La verdad era que no le interesaba para nada estar en el banquete de Halloween ese sábado, pero tampoco quería quedarse en la Sala Común. Antes de poder responder, una voz masculina llamándola desde atrás la interrumpió.
—Longbottom, acércate.
Hayley volteó. Aden Yaxley, prefecto de séptimo año de la casa Slytherin, la miraba apoyado contra una pared. Lo acompañaban algunos alumnos de su mismo año y casa, incluyendo a Mulciber y Severus Snape, alumnos que se rumoreaban que practicaban magia oscura y eran potentes mortífagos.
Dejó que Florence se adelantara al Gran Comedor para ir a desayunar, pero conociéndola solo se iba a alejar unos metros para esperarla y poder espiar la conversación.
—¿Sí?
Severus la miró de arriba a abajo con su típica mirada de asco y luego la ignoró. Nunca le había caído bien por ser amiga de los Merodeadores, pero para ser honesta a Hayley tampoco le caía bien, no podía estar cerca de su aura oscura, malhumorada y pesimista.
—Oí que tienes unas opiniones... enrevesadas con respecto a la noche del sábado.
Hayley apretó los labios, avergonzada de admitir que no tenía idea de qué significaba esa palabra. Los alumnos de Slytherin solían tener un comportamiento muy elegante y un lenguaje superior, la manera de comunicarse de un niño de tercer grado se acercaba mucho a la manera de hablar de un profesor, y si bien la crianza de Augusta incluía modales y lenguaje jamás había sido obligada a expresarse de esa forma en un contexto casual.