El odio era un sentimiento horrible. La palabra "odiar" a Hayley le parecía demasiado fuerte. No le gustaba sentirlo.
Pero cuando se trataba de él no podía evitarlo. Su sonrisa de lado, su manera tan sucia de jugar Quidditch, su superioridad al trat...
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Hayley no dormía bien desde la noche del sábado por quedarse pensando toda la noche y en ese momento, quedándose dormida en el aula de Transformaciones, comenzaba a arrepentirse.
McGonagall estaba aún afuera esperando que la clase terminara de llenarse, solo faltaban algunos alumnos de Slytherin para poder comenzar. A Hayley no le gustaba sus nuevos horarios, tenía Transformaciones, Defensa Contra las Artes Oscuras y Pociones con Slytherin, y solo Encantamientos con Gryffindor y Astronomía con Ravenclaw, una parte de ella asumía que aquella división de horarios era para evitar peleas entre los alumnos, ya que los chicos de Hufflepuff eran por lo general los más tranquilos.
Pero allí estaba, sintiendo que las miradas de todas las serpientes estaban sobre ella cuando lo cierto era que nadie la miraba. Se estaba volviendo loca luego de la revelación de Evan, eso era un hecho.
Florence, sentada a su lado, apoyó una mano en su brazo. Desde el domingo temprano que la chica quería sacarle información sobre lo sucedido en la ceremonia, pero Hayley no podía decirle. Ni siquiera podía terminar de entender ella lo que estaba pasando.
Evan ya estaba en el aula, buscando cada tanto su mirada. Lo acompañaban Rabastan, Regulus y Barty, pero ninguno de ellos tres le prestaba atención a Hayley.
—Hayley, si alguien te lastimó podemos decirle a Sprout. O a Frank.
Hayley alejó su mirada de Evan para dirigirla inmediatamente a Florence, alarmada.
—No puedes decirle nada a mi hermano. Él no puede ni siquiera saber que estuve en esa ceremonia. Va a enloquecer.
—Quizá tiene un motivo.
La castaña negó. Su hermano ya estaba demasiado preocupado por ella sin saber lo que Evan le había dicho, si le decía que Yaxley intentaba reclutarla para ser mortífaga iba a enloquecer. Iba a solucionar el problema sin la necesidad de meterlos ni a él ni a sus amigos.
Ya habían perdido a su padre, Frank era capaz de todo por protegerla a ella. No importaba cuánto se pelearan o si no estaba de acuerdo con sus acciones, no había nada en el mundo que no hiciera por ella y viceversa.
—Si pasó algo, puedes contármelo a mí.
—No pasó nada.
McGonagall entró, dando comienzo a la clase así que Hayley aprovechó para dar por terminada la conversación. No tenía más ganas de hablar al respecto, más que nada porque no sabía con quién podía hablarlo. Frank no era una opción ni de casualidad, Florence también estaba descartada porque iría corriendo a contarle a su jefa de casa, los Merodeadores enloquecerían y querrían hechizar a Yaxley. Quizá Alice era una buena opción, sabría comprenderla y aconsejarla, pero Hayley sabía que su amiga y cuñada le contaría inmediatamente a Frank.