Como alguien acostumbrado a beber grandes cantidades de alcohol y sobrepasar los límites de consumo de sustancias, eran contadas las ocasiones en las que Kim Namjoon había experimentado los efectos de una resaca.
Pero aquel día, eral el día.
El día en el que la luz que se colaba por la ventana de la habitación se sentía como un reflector incandescente cuyo único propósito era quemar las pupilas achocolatadas de Namjoon. El día en el que su cabeza punzaba tanto que estaba seguro de que explotaría en cualquier momento. El día en el que la habitación le daba vueltas y su cuerpo estaba tembloroso y fatigado.
Qué mañana de mierda había sido aquella.
Namjoon dio de vueltas en su amplio colchón, buscando desesperadamente conciliar el sueño una vez más. En cambio, lo que logró fue darse cuenta de que algo faltaba en su cama.
O mejor dicho, alguien.
Kim Seokjin no se encontraba en su lado de la cama como todas las mañanas desde que comenzaron a vivir juntos.
Raro.
Sin embargo, Namjoon no tenía la capacidad física para averiguar el paradero de Jin. En cambio, el joven hombre se envolvió entre los cobertores de su cama, esperando que al cerrar los ojos y hacerse un ovillo ese malestar del demonio desapareciera por arte de magia.
Lamentablemente, no fue así.
Porque su mente (o tal vez fue culpa de la autonomía de su inconsciente) no podía dejar pasar por alto el hecho de que Seokjin no había amanecido junto a él.
No recordaba haberlo escuchado levantarse antes que él aquella mañana. Aunque, para ser sinceros, Namjoon no podía recordar cómo había llegado a su cama.
De hecho, Nam no podía recordar con total claridad todos los hechos del día anterior.
Recordaba estar muy enojado con Seokjin por alguna razón, algo relacionado a la Cámara de Comercio Exterior. Algo acerca de un proyecto fallido que casi lo hizo escupir bilis del coraje debido a la humillación pública que tanto él como su familia recibió ante el resto de vejestorios insufribles de aquella sociedad.
Pero por alguna extraña razón, en su interior el moreno ya no se sentía molesto, o al menos no en ese preciso momento. Como si en el transcurso de la noche algo le hubiese hecho cambiar de opinión o calmar sus nervios.
Un motivo de suficiente peso como para olvidar el origen de su furia hacia Jin.
La pesadez de sus párpados le ayudó a recobrar la somnolencia poco a poco. Dormitando. Dividido entre el mundo de sus sueños y la realidad.
Namjoon recordó un par de manos sujetando fuertemente sus hombros hasta dejar ligeras marcas de uñas en la piel expuesta de ellos.
El alto moreno sujetaba con firmeza una cintura blanquecina tan delgada que parecía estar hecha a medida para sus manos.
Recordó sentir piel suave y un abdomen plano entre sus dedos. Una larga pierna ajena se enredaba sobre su cintura, provocando una deliciosa fricción entre el bulto en su entrepierna y el de su acompañante.
— Namjoon... —gemía una voz familiar en su oído, con un aliento caliente como el mismo infierno.
El castaño de ojos achocolatados sentía los labios hinchados por tanto besar al hombre entre sus brazos, pero no podía para incluso si la boca le hubiese comenzado a sangrar debido al feroz intercambio de saliva.
Todo era tan húmedo, caliente, asfixiante.
Los estímulos no dejaban de mandar olas de placer a cada punto nervioso de su cuerpo. La satisfacción era tanta que contener sus gemidos se volvió imposible:
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Guerra. [NamJin]
Fiksi Penggemar"Ha sido informado oficialmente que, tras varias discusiones con la junta directiva, el complejo KMJ ha elegido a un nuevo CEO tras el retiro abrupto del antiguo director; el único hijo del socio mayoritario, Kim Namjoon, tomará su cargo al final de...
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