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Existen momentos en la vida de todo adulto en la que uno se pregunta: ¿qué carajos hice para terminar aquí?  Y para Kim Seokjin, aquella pregunta había llegado en el preciso instante en el que un imprudente y mimado Namjoon lo tenía acorralado contra la puerta de la habitación, besándolo hasta dejarlo sin aire.

— Namjoon —protestaba el mayor—, tenemos que- salir-

Mmm —el alto castaño gruñó inconforme. Te propongo otra cosa...

Namjoon mordió el labio inferior de Seokjin como si de goma de mascar se tratase, y sus manos delinearon peligrosamente la frontera de los pantalones deportivos que el pelinegro llevaba puestos.

No había que ser un genio para adivinar las pervertidas intenciones del contrario.

— Ni siquiera lo pienses —advirtió Jin, empujando con una mano el atractivo rostro del más alto, alejándose de él.— Acabo de tomar un baño y tu rut ya terminó.

El entrecejo moreno se frunció levemente por ser rechazado, y al siguiente minuto un destello lascivo decoró su mirada. La caliente y húmeda lengua de Nam se asomó de entre sus labios, lamiendo descaradamente los largos y fríos dedos de Jin que cubrían su boca.

— Que asco —se rio Seokjin, alejando su mano del rostro de Nam—. Me muero de hambre. Si quieres quedarte aquí y masturbarte diez veces más, no cuentes conmigo.

El pelinegro, al fin capaz de salir de la habitación del joven heredero después de días, se dirigió con premura hasta el comedor principal (lugar con el que consiguió dar preguntándole al personal de la mansión la dirección correcta). Según la lógica de Seokjin, si estaba en presencia de los demás miembros de la familia significaba una zona segura, libre de la endemoniada líbido de Kim Namjoon.

Después de muchos giros y escaleras, la puerta de vitrales de colores que daba la bienvenida al amplio comedor al fin lo recibió. A través de los enormes ventanales se colaban los rayos del sol y se podía apreciar en el horizonte el azul resplandeciente del mar.

Una vista que quitaba el aliento a un pobre condenado que había pasado días entre cuatro paredes sin ver otra cosa que no fuese Kim Namjoon.

— Kim Seokjin —escuchó la voz de la señora Hwang—, adelante. El desayuno está por servirse.

El alto y delgado pelinegro despabiló de su ensoñación y sonrió tímidamente hacia la señora de la casa.

— Buen día —masculló Namjoon, detrás de Jin. Al parecer, se había rendido en sus intentos por arrastrar a su marido de vuelta a la habitación y simplemente le siguió hasta el comedor.

El moreno primogénito de los Kim, percatándose de que Seokjin se había congelado en la entrada del salón —por nervios o indecisión—, tomó al mayor de la mano y lo condujo hasta los asientos disponibles en la enorme mesa. Todo bajo la atenta mirada de las mujeres de la familia Kim.

Haciendo el veloz recuento de sus memorias, Kim Seokjin se dio cuenta de que en toda su vida adulta jamás había tenido una pareja oficial.

Nunca tuvo una persona a la cual tomar de la mano al caminar. Alguien con quién tener citas; hablar por las tardes; desayunar; o presentarle a su familia.

Por ende, no se culpó a sí mismo cuando al tomar asiento en la enorme mesa del comedor principal de la mansión Kim la mañana del lunes posterior a su primer fin de semana en Jeju, no supo cómo actuar ante la insistente mirada de Kim Jeong sobre él.

La hermana menor de Namjoon se encontraba sentada justo frente a Seokjin, comiendo lentamente un plato de fruta muy colorido, aunque era más que claro que su atención estaba fija en el presidente de K&JFish desde el momento en que lo vio llegar.

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⏰ Última actualización: Jul 16, 2025 ⏰

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Guerra. [NamJin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora