Ciel
Los niños corren, el jardín es un mar de hojas naranjas y mi balcón está invadido por un drácula de cartón que va a encargarse de asustar a todo aquel que se acerque esta noche a pedir dulces. Aire frío, aroma a tierra otoñal y dulces; esa extraña y reconfortante sensación de misterio que me cala los huesos cada que veo la programación en el televisor que Maria encendió desde temprano como en todos los años.
Si no tuviera que ir a una fiesta de disfraces, estaría sentada frente al televisor de la sala, con un bowl lleno de palomitas, mientras espero la hora en la que Alizee está lista para después obligarla a pedir dulces y al final regresar a casa a repartirnos las ganancias.
El 31 de octubre, Halloween, es el segundo mejor día del año después de mi cumpleaños.
Gritos y pequeñas risitas divertidas venían desde el recibidor.
Solté una carcajada que hizo que Tara me viera como un bicho raro.
- Alex lo hizo de nuevo- dije, viendo desde la ventana a mi hermano quitarse una mala máscara de hombre lobo para proceder a dar un par de dulces a la fila de niños que se habían juntado frente a nuestro pórtico.
- ¿Alguna vez tu hermano dejará de disfrutar de asustar a los niños con esa máscara cuando toquen a su timbre?
- Lleva haciéndolo por casi diez años Tara, dudo mucho que cambie de costumbre... o de máscara.
Mi amiga hizo una mueca, antes de salir de mi habitación, seguramente, a ir al rescate de esos pobres niños asustados por mi hermano de nuevo. Ella ya podía darse el lujo de salir en público con el sencillo disfraz de cazafantasmas que más tardó en abrir que en ponerse. Yo por el contrario, apenas seguía en jeans y una ancha camisa de botones rojos, con tubos enredados entre mi cabello, pantuflas y el labial a medio poner.
- Si sigues perdiendo el tiempo viendo por la ventana cómo es que piden dulces, nunca terminas de arreglarte. - mi mamá entró sin avisar a mi habitación, con una diadema de gato entre las manos. Ella se quedó viendo con detenimiento las alas de abeja que había puesto sobre mi cama y el vestido de rayas negras y amarillas que, improvisadamente, conseguí para tener un disfraz. - No puedo creer que tuve que esperar 17 años de tu vida para poder verte disfrazada de una abeja.- se burló- La vez que lo intente saliste corriendo y coloreaste las alas de morado. Y todo por que tu querias ser un vampiro y no un bicho amarillo.
Sonreí melancólica.
- Sigo prefiriendo ser un vampiro.
Quiso decir algo, o más bien, hablar de alguien. La vi apretar los labios y hacer un gesto con la mano que parecía ocultar inconformidad y preocupación.
- Estaré bien- le aseguré, alejándome de la ventana para caminar de nuevo a mi espejo y empezar a arreglar mi cabello. Faltaban veinte minutos para las seis y yo aun parecía un vagabundo.- Es una fiesta de disfraces como cualquier otra, dudo mucho que algún psicópata decida hacer de Norman Bates entre tantas personas.
- No me preocupa la fiesta, Ciel, sino con quien vas, y no me estoy refiriendo a Tara.
Aquí vamos de nuevo. Napoleón Stiliski, ¿por qué tienes que ser tan malo a los ojos de la gente?
- Puede que Poe no sea el más santo de toda la ciudad, pero tampoco es Norman Bates. Estaremos bien y si no es así, he visto demasiadas películas de terror como para saber qué debe hacer una sobreviviente- mi sonrisa hizo que se tranquilizara mínimamente.
El sonido de alguien aclarándose la garganta hizo que mamá y yo giramos para ver de dónde venía el sonido.
- No saldré con esto a la calle, es una aberración a los disfraces, la pubertad y el buen sentido de vestir- Alizée estaba de brazos cruzados, vistiendo un traje de calabaza regordete que la hacían parecer terriblemente adorable- ¡Prestame otra cosa Ciel!.
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Cuando vas a besarme...
Teen FictionElla era la niña que nadie notaba hasta que la conoció el popular... Al diablo con eso. Porque no hablar de la niña bonita. De la niña que es la abejita reina de un gran panal. De la niña rica. Las niñas bonitas también tienen sentimientos y se enam...
