Capítulo 11

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Mientras manejo con Romina de copiloto y su rebelde hija en el asiento de atrás, noto que una notificación llega a mi teléfono.

— Ve quien es, por favor.

Romina toma el teléfono y me mira con una sonrisa pícara en la boca.

— Mi tía pregunta si le puedes dar el número de teléfono del caballero que la invitó a salir la otra noche.

Sonrío también al saber el interés de Deméter por un socio ruso que no está para nada mal a su edad.

— Dile que voy a ir a su casa cuando terminemos de comer.

Comienza a teclear y miro por el espejo que Anne está profundamente dormida.

Sigo conduciendo y llego a nuestro restaurante favorito, nos bajamos las tres y luego de un rato comienzan a llegar nuestros pedidos a la mesa.

En el momento del postre noto como Romina comienza a ponerse muy nerviosa y tensa.

Anne está con su teléfono en las manos y discretamente la miro con un claro mensaje en mis ojos.

Ella niega con la cabeza.

— Permiso. — me levanto de la silla y me dirijo al baño, dirección que justamente Romina estaba mirando.

Me remuevo al notar que el guardia con quien la pelirroja en su juventud mantuvo más que unos simples besos está sentado comiendo con una niña muy pequeña.

Entro al baño y le envío un mensaje a Romina.

— Broma...

— Me quiero morir.

Me miro al espejo un momento y salgo del baño.

— Papá yo de verdad quiero comer helado, no me duele más la panza.

Abro mi boca mientras voy caminando, muy discreta.

Mentira.

Anne me queda mirando y junta sus cejas.

— ¿Qué les pasa a ustedes dos?

A Romina se le descompone la cara cuando voy llegando a la mesa y se levanta rápido.

— Nos vamos. — toma a su hija del brazo y ella sin titubear obedece las órdenes de su madre.

Siento como se mueven un par de sillas y veo por poco correr a las chicas.

— Romina... — susurra el guardia atrás de mi.

Volteo y veo como sostiene a su hija en brazos mientras queda mirando a Anne.

— Te voy a pedir que no te entrometas en cosas que no te corresponden.

— ¿Cuántos años tiene esa joven?

Yo realmente me quedo inquieta y me mira con desesperación.

— No es asunto tuyo.

Me dirijo a pagar la cuenta y luego de que veo como se descompone el tipo, salgo con rapidez.

Me dirijo al auto y noto que están discutiendo por la manera que la pelirroja mueve su cuerpo.

— ¿Qué te pasa mamá? — pregunta molesta Anne.

— ¡No te metas en mis asuntos!

Las dos se callan cuando abrocho mi cinturón.

— Me van a acompañar a ver Demeter, ¿cierto?

— Yo no quiero nada. — exclama mi pequeña, que no está tan pequeña.

Comienzo a manejar y siento molestia por la cantidad de tráfico y los gritos de las dos.

Paso dos autos para intentar llegar más rápido, luego Romina grita tan fuerte que involuntariamente hago un movimiento extraño.

Segundos después siento como el cinturón se marca en mi piel y mi cuerpo se estremece.

— ¡Mierda! — grito por mis costillas poco sanas.

Choque con una gran camioneta negra, la cual no tiene casi ningún rasguño.

Siento como comienzan a tocar las bocinas los vehículos de atrás y me bajo del vehículo.

— ¡Bueno y dónde te regalaron la licencia! — se baja una chica alta de pelo castaño, con tatuajes en casi todo su cuerpo y unos ojos penetrantes y celestes.

— Disculpa, por favor entregame tu número para arreglar este problema.

Me mira enojada, más de lo que una persona normal se debería enojar por esos pequeños raspados que le hice a su camioneta.

— ¡Chucha pa que más po hueon! — menciona rápido con su lengua natal.

Me entrega un papel y su nombre con su número telefónico.

Eliza Aldunate Rodríguez.

— Yo también necesito tu número, nadie me asegura que me llamarás. — menciona molesta.

Le entrego una tarjeta de presentación donde está mi nombre y mi contacto.

— Cuica hueona.

Sube a su vehículo nuevamente y se marcha.

Yo también sigo manejando, primero me dirijo a mi casa a cambiar el auto, además de revisar si quedó muy mal.

Me subo a otro y las chicas deciden quedarse en la mansión.

Siento que hoy están pasando todas las cosas mal, pero intento cambiar el ánimo cuando entro al terreno de mi madre.

Frunzo mi ceño al ver que la camioneta chocada está estacionada fuera de la casa de Deméter.

Me invento una teoría ridícula, asique prefiero bajarme tan pronto como pueda y entro.

Veo a la mujer con la que hace minutos estuve discutiendo, a mi madre biológica y a Deméter.

— ¿Y ésta? — espeta sorprendida la tal Eliza.

— ¿Se conocen? — pregunta Mónica emocionada.

Por favor, que no sea otra hermana, Franco no aguanto otra!

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Como dice Shrek ¡Qué bien, más parientes!

Holaaa, cómo están? Yo la verdad debo decir que este año universitario me tiene .... mal.

Pero, realmente quise escribir ésto para que no pierdan el hilo, porque hasta a mí me está pasando y eso que soy la escritora xd.

Creo que debo dar explicaciones de muchas cosas, pero todo a su debido tiempo, solo pido disculpas por tanto tiempo de pausa, espero de a poco retomar y finalizar esta historia.

Bueno, decirles que nunca fue mi intención dejar de escribir, pero las cosas no estaban bien, ahora van mejorando!

Un beso, les quiere, Alicia ❤

LUCIFER IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora