Sigmund y Ojitos corrían en dirección a los Alfiles, sus pasos resonando en el gran salón del trono. Los Alfiles, con sus imponentes armaduras blancas y sus enormes escudos, permanecían inmóviles, esperando el ataque. La tensión en el aire era palpable, y el eco de las pisadas de Sigmund y Ojitos se mezclaba con el sonido de las campanas de aviso que aún resonaban en la distancia.
- ¡Vamos, Ojitos! - gritó Sigmund, su voz resonando con determinación.
Ojitos asintió, sus ojos brillando con una mezcla de concentración y adrenalina. Con un movimiento rápido, lanzó un rayo de Ether hacia uno de los Alfiles. El rayo impactó en el escudo del Alfil, pero este apenas se movió, absorbiendo el impacto con facilidad.
- ¡Son más fuertes de lo que pensaba! - exclamó Ojitos, retrocediendo un paso.
Sigmund no se dejó intimidar. Con un rugido, se lanzó hacia adelante, su espada brillando con una luz etérea. El primer Alfil levantó su escudo, pero Sigmund giró en el último momento, esquivando el golpe y atacando con un tajo horizontal. La espada de Sigmund chocó contra la armadura del Alfil, produciendo un sonido metálico que resonó por todo el salón.
El Alfil retrocedió, pero otro de los guerreros blancos avanzó, su espadón descendiendo en un arco mortal. Sigmund levantó su escudo justo a tiempo, bloqueando el ataque, pero la fuerza del impacto lo hizo retroceder varios pasos. Ojitos aprovechó la oportunidad para lanzar otro rayo de Ether, esta vez apuntando a las piernas del Alfil. El rayo impactó, y el Alfil cayó de rodillas, su armadura chisporroteando con energía.
- ¡Bien hecho, Ojitos! - gritó Sigmund, avanzando de nuevo.
Los Alfiles restantes se movieron en formación, sus escudos levantados y sus espadones listos. Sigmund sabía que no podía enfrentarse a todos a la vez. Necesitaba una estrategia. Miró a su alrededor, buscando algo que pudiera usar a su favor. Sus ojos se posaron en los grandes candelabros que colgaban del techo.
- ¡Ojitos, los candelabros! - gritó, señalando con su espada.
Ojitos entendió al instante. Con un movimiento rápido, lanzó un rayo de Ether hacia las cadenas que sostenían uno de los candelabros. La cadena se rompió, y el candelabro cayó, estrellándose contra el suelo y creando una explosión de chispas y escombros. Los Alfiles se vieron obligados a retroceder, y Sigmund aprovechó la distracción para atacar.
Con una velocidad impresionante, Sigmund se lanzó hacia adelante, su espada cortando el aire. El primer Alfil no tuvo tiempo de reaccionar antes de que la espada de Sigmund atravesara su armadura, enviándolo al suelo. Los otros Alfiles intentaron reagruparse, pero Sigmund no les dio oportunidad. Con una serie de movimientos rápidos y precisos, derribó a dos más, sus cuerpos cayendo pesadamente al suelo.
- ¡Sigmund, cuidado! - gritó Ojitos, señalando detrás de él.
Sigmund se giró justo a tiempo para ver a un Alfil levantando su espadón, listo para atacar. Con un movimiento rápido, levantó su escudo, bloqueando el golpe. La fuerza del impacto lo hizo tambalearse, pero se mantuvo firme. Con un rugido, empujó al Alfil hacia atrás, su espada brillando con una luz intensa. Con un tajo poderoso, cortó al Alfil por la mitad, su armadura cayendo al suelo con un estruendo.
Los Alfiles restantes se detuvieron, evaluando la situación. Sabían que estaban en desventaja. Con un movimiento coordinado, retrocedieron, formando una línea defensiva frente al trono.
- ¡No podemos dejar que se reagrupen! - gritó Sigmund, avanzando de nuevo.
Ojitos asintió, lanzando otro rayo de Ether hacia los Alfiles. Esta vez, el rayo impactó en el suelo frente a ellos, creando una explosión que los hizo retroceder aún más. Sigmund aprovechó la oportunidad para atacar, su espada cortando el aire con precisión mortal. Uno a uno, los Alfiles cayeron, sus cuerpos inertes esparcidos por el salón del trono.
ESTÁS LEYENDO
Blood and Dungeons
Fantasía"El pasaje por las mazmorras tiene un peaje con la sangre". La muerte no es siempre el final de un camino, a veces es el inicio de una tempestad, un tormento o un viaje surrealista. Algunos hombres caídos en la guerra describen el más allá como pasi...
