Hope Mikaelson no esperaba que su nueva profesora, Catalina Valcourt, fuera tan imponente y cautivadora. Con una belleza que deja sin aliento y una autoridad imposible de ignorar, Catalina no tarda en despertar en Hope un deseo tan prohibido como pe...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El sueño envolvía a Hope como una manta suave pero cargada de electricidad. En la penumbra de su subconsciente, se encontraba en un aula oscura, iluminada solo por la tenue luz de unas velas suspendidas en el aire. No sabía cómo había llegado allí, pero algo —o alguien— la mantenía inmóvil. Frente a ella, la figura alta y elegante de Catalina Valcourt emergía de las sombras.
La profesora se movía con la misma seguridad y gracia que Hope había notado en clase, pero aquí había algo diferente en ella. Sus pasos eran más lentos, calculados, y la intensidad de su mirada hacía que el aire entre ellas se sintiera denso. Hope trató de hablar, pero las palabras se le atascaban en la garganta, incapaz de articular siquiera una pregunta.
—¿Te intimido, Hope? —preguntó Catalina, su voz suave pero cargada de un magnetismo que enviaba escalofríos por la espalda de Hope.
La cercanía entre ambas era insoportable y deliciosa a la vez. Hope no supo si fue por orgullo o por pura desesperación, pero negó con la cabeza, aunque su cuerpo temblaba levemente. Catalina sonrió con esa mezcla de autoridad y sensualidad que tanto la desconcertaba.
—No deberías mentirme.
Hope sintió que su respiración se detenía cuando Catalina dio un paso más cerca, dejando solo unos centímetros entre ellas. Podía sentir el calor de su presencia, el leve aroma a especias dulces que parecía emanar de ella. Catalina inclinó la cabeza, estudiándola con una intensidad que hizo que las piernas de Hope casi flaquearan.
—Eres más valiente de lo que aparentas —murmuró Catalina, llevando una mano hacia el rostro de Hope, rozando apenas su mejilla con los dedos.
—Yo… —Hope intentó hablar, pero su voz era apenas un susurro.
Antes de que pudiera decir algo más, Catalina la interrumpió. Con un movimiento rápido pero controlado, inclinó su rostro hacia el de Hope. Los labios de la profesora rozaron los suyos, apenas un contacto, pero suficiente para que cada fibra del cuerpo de Hope se encendiera. Era como si el mundo a su alrededor desapareciera, dejando solo esa conexión, ese momento.
El beso se profundizó, lento pero intenso, una batalla silenciosa entre el deseo y el autocontrol. Hope no sabía quién había iniciado realmente, pero ya no importaba. Estaba perdida en la sensación, en el sabor, en el peligro.
Y entonces, como si algo la arrancara de golpe, Hope despertó.
Su corazón latía con fuerza, como si acabara de correr una maratón. Estaba tumbada en su cama, la habitación bañada por la luz tenue de la madrugada. Se llevó una mano a los labios, aún sintiendo el eco de ese beso que no había sido real pero que se sentía más vívido que cualquier cosa que hubiera experimentado.
—¿Qué demonios…? —murmuró, sentándose en la cama y pasando una mano por su cabello despeinado.
El rostro de Catalina Valcourt seguía grabado en su mente, junto con esa mezcla de autoridad y atracción que la consumía desde el primer momento que la vio. Sabía que no iba a poder volver a dormir, no con esas imágenes rondando en su cabeza.