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Hope se detuvo frente a la puerta del despacho de Catalina

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Hope se detuvo frente a la puerta del despacho de Catalina.

Su mano estaba en el picaporte, pero por alguna razón, no lo giró de inmediato.

No era miedo lo que sentía.

Era otra cosa. Algo más profundo, más eléctrico, que hacía que su corazón latiera con un ritmo anormal en su pecho.

Inspiró hondo, intentando calmarse. Era solo una conversación.

Solo Catalina.

Giró el picaporte y entró.

Y entonces, su respiración se atascó en su pecho.

Catalina estaba recostada sobre su escritorio, su cuerpo acomodado con una elegancia casi perezosa. Una de sus piernas estaba cruzada sobre la otra, y la ligera inclinación de su postura acentuaba la línea de su figura, haciéndola ver no solo poderosa, sino peligrosamente demandante.

Se veía como alguien que controlaba todo a su alrededor.

Como alguien que no aceptaba desobediencia.

Como alguien… jodidamente sexy.

Hope sintió el aire abandonarla por un segundo.

Y Catalina lo notó.

La profesora no se movió de inmediato, solo giró su rostro lentamente para mirarla, sus ojos oscuros recorriendo la figura de Hope con una calma gélida.

—Cierra la puerta.

Hope obedeció sin pensar, aunque sus dedos se tensaron sobre la madera.

El sonido del seguro deslizándose en su lugar hizo que algo dentro de ella se contrajera.

Catalina no habló de inmediato. Se tomó su tiempo, su mirada aún clavada en ella, como si la estuviera analizando.

Y luego, con un tono bajo pero cargado de autoridad, rompió el silencio.

—No vuelvas a faltar a mi clase.

Hope tragó saliva.

—Yo…

—No. —Catalina se incorporó, apoyando las palmas en el escritorio mientras inclinaba su cuerpo apenas hacia adelante. Su cabello cayó levemente sobre su rostro, pero sus ojos seguían fijos en los de Hope—. No quiero excusas.

Hope sintió que su espalda tocaba la puerta sin darse cuenta de que había dado un paso atrás.

Catalina avanzó lentamente, sus tacones resonando contra el suelo de madera.

—¿Sabes cuántos estudiantes matarían por estar en esta escuela? —su voz era suave, casi como un susurro, pero había algo en ella que hacía que cada palabra se sintiera afilada—. Y tú decides faltar… ¿por qué?

Hope intentó mantener su expresión firme.

—Era importante.

Catalina arqueó una ceja, deteniéndose justo frente a ella.

TEACHER -HOPE MIKAELSON-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora