Hope Mikaelson no esperaba que su nueva profesora, Catalina Valcourt, fuera tan imponente y cautivadora. Con una belleza que deja sin aliento y una autoridad imposible de ignorar, Catalina no tarda en despertar en Hope un deseo tan prohibido como pe...
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El sonido de pasos en el pasillo fue como un balde de agua fría. Hope reaccionó al instante, su cuerpo tensándose cuando la puerta del aula se abrió y los primeros estudiantes comenzaron a entrar. Su mirada se disparó hacia Catalina, quien, con una calma impecable, enderezó su postura y deslizó su chaqueta de nuevo sobre sus hombros, como si nada hubiera pasado.
Hope se dejó caer en su asiento con más brusquedad de la necesaria, clavando la mirada en la madera de su escritorio mientras intentaba recuperar el control de su respiración.
Pero no podía.
Su mandíbula se apretó con fuerza y, sin pensarlo, mordió la parte interna de su mano con sus propios colmillos.
El dolor fue un alivio momentáneo, una distracción del deseo abrasador que aún recorría su cuerpo. Sintió el cálido sabor del hierro en su lengua, la herida cerrándose casi de inmediato, pero no fue suficiente.
No entendía qué le estaba pasando.
Todavía no era un vampiro. Todavía no.
Y, sin embargo, el anhelo de morder, de hundir sus dientes en la piel de Catalina y probarla, era insoportable.
Su lobo rugía dentro de ella, salvaje, indomable, exigiendo algo que no podía permitirse.
Los murmullos de los estudiantes la sacaron de sus pensamientos. Varios se habían acomodado en sus lugares y miraban expectantes hacia el frente, donde Catalina ya había comenzado a organizar sus materiales sobre el escritorio con movimientos fluidos y precisos.
Hope tragó con dificultad y respiró hondo, obligándose a concentrarse.
Catalina se giró para enfrentar a la clase, su presencia llenando la habitación al instante.
—Bien —dijo con esa voz que parecía hecha para el mando—. Comencemos.
Su tono no dejaba espacio para distracciones. Su autoridad era absoluta.
Hope se forzó a mirar hacia adelante, aunque cada vez que sus ojos se posaban en Catalina, la imagen de su cuello desnudo y la sangre latiendo debajo de su piel volvía a atormentarla.
Catalina comenzó a escribir en la pizarra, su letra elegante y firme deslizándose con facilidad sobre la superficie negra.
—Como saben, el examen está próximo, y si alguno de ustedes tiene la absurda idea de no presentarlo —su mirada se deslizó fugazmente hacia Hope, una chispa de diversión brillando en sus ojos—, entonces puede ir olvidándose de aprobar mi materia.
Hope sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Catalina estaba disfrutando esto.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
Y Hope estaba perdiendo el control.
La clase terminó, pero para Hope se sintió como una tortura.
Cada minuto sentado en aquel salón fue un infierno. Cada vez que Catalina hablaba, su voz profunda y segura, el deseo de Hope crecía como un incendio que no podía extinguir.
Y Catalina lo sabía.
Lo vio en la forma en que se inclinó sobre su escritorio con elegancia, en la manera en que su mirada se desviaba a Hope con una sonrisa apenas perceptible en la comisura de sus labios.
Hope se sentía al borde de la locura.
Así que, en cuanto la última palabra salió de la boca de Catalina y la clase terminó, Hope se levantó de golpe y salió del aula sin mirar atrás. Caminó con pasos apresurados por los pasillos de la escuela, empujando la puerta de su habitación con fuerza y cerrándola detrás de ella.
Pero no fue suficiente.
El ardor aún recorría su cuerpo, su garganta seca como si no hubiera probado agua en días.
Fue directamente al baño, apoyándose en el lavabo con ambas manos mientras se inclinaba hacia el espejo.
Y ahí estaba.
Su reflejo la devolvió a la realidad de inmediato.
Sus ojos brillaban con un tono amarillo vibrante, como si su lobo estuviera al mando.
Pero no era solo eso.
Las venas oscuras surcaban la piel bajo sus ojos, marcando su rostro con sombras que no deberían estar ahí.
Y sus colmillos…
No eran normales.
Largos, afilados, listos para desgarrar.
Hope sintió el miedo trepar por su columna.
Todavía no era un vampiro. Todavía no había muerto.
Pero entonces, ¿por qué su cuerpo reaccionaba así?
¿Por qué sentía esta desesperación, este deseo primitivo?
Se llevó una mano a la boca, tocando la punta de uno de sus colmillos con cuidado. Un escalofrío recorrió su piel cuando lo sintió afilado bajo la yema de sus dedos.
Cerró los ojos y respiró hondo.
Y, poco a poco, la sensación comenzó a desvanecerse.
Las venas retrocedieron, su respiración se estabilizó, y cuando volvió a abrir los ojos, su reflejo era el de siempre.
Pero la sensación aún latía en su interior, oculta, esperando.
Unos golpes en la puerta la hicieron sobresaltarse.
Hope giró sobre sus talones y salió del baño, acercándose con cautela.
Al abrir la puerta, se encontró con Alaric de pie al otro lado.
—Prepárate —dijo él con su tono serio de siempre—. Vamos a buscar a Landon.
Hope parpadeó, su mente aún atrapada en lo que acababa de pasar.
—¿Qué? ¿Por qué?
Alaric cruzó los brazos, observándola con atención.
—Solo vamos.
Hope sintió un peso caer sobre sus hombros.
Landon.
Aquel chico por el que había estado peleando.
Aquel chico por el que, en teoría, debía estar preocupada.
Pero en ese momento, su mente solo podía pensar en otra persona.
Y tenía el olor de Catalina impregnado en su piel.
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AJJAJAJAJA me encanta este fanfic, es tensionante cada segundo
¿Qué quieren que pase? Estoy a sus ordenes...
Recuerden que las actualizaciones dependen de ustedes, así que sigan votando y comentando como lo están haciendo.