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Hope no podía dormir

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Hope no podía dormir. El encuentro con Catalina Valcourt en la biblioteca seguía martillando en su mente: la voz grave de la profesora, sus ojos oscuros, y ese aire de autoridad que parecía arrastrar consigo siglos de historia. Pero ahora, la necesidad de saber más sobre aquella mujer era más fuerte que cualquier advertencia o temor.

Se levantó de la cama en silencio, sin encender ninguna luz. El frío del suelo de piedra atravesó sus pies descalzos, pero no le importó. Tomó una sudadera y salió al pasillo del internado con pasos suaves, guiándose apenas con el tenue resplandor de la luna que se colaba por las ventanas. El aire estaba denso, cargado de una extraña quietud, como si el castillo entero estuviera reteniendo el aliento.

La biblioteca estaba vacía. Apenas empujó las puertas, el eco del crujido resonó en la penumbra. Hope avanzó, sus ojos acostumbrándose poco a poco a la oscuridad. El espacio, a esas horas, parecía otro mundo: estanterías altísimas que proyectaban sombras irregulares y ese olor inconfundible a papel viejo y polvo.

Sin dudarlo, fue directo hacia el rincón donde lo había visto la última vez. Allí estaba. El libro permanecía sobre la misma mesa, como si la estuviera esperando. La cubierta de cuero negro, gastada y dura, llevaba grabado en letras doradas una sola palabra: Valcourt. Hope lo tomó con cuidado, sintiendo un escalofrío al rozar la superficie fría del tomo. Era pesado, como si estuviera cargado con algo más que historia.

Miró alrededor, asegurándose de estar sola, y lo apretó contra su pecho antes de dar la vuelta y salir de la biblioteca tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Cada paso en el corredor resonaba más fuerte de lo que debería, pero no se detuvo. El corazón le latía con fuerza, una mezcla de adrenalina y emoción retumbando en su pecho.

Cuando llegó a su habitación, cerró la puerta con suavidad y se quedó unos segundos apoyada contra ella, tratando de recuperar el aliento. El libro parecía aún más oscuro bajo la débil luz de la lámpara que encendió junto a su cama. Lo colocó sobre las sábanas, sentándose frente a él, y tras un momento de duda, pasó una mano temblorosa por la tapa antes de abrirlo.

Las páginas crujieron suavemente. La primera línea, escrita con tinta negra que había comenzado a difuminarse, la hizo contener el aliento:

"La sangre de los Valcourt nunca se extingue; solo duerme, esperando ser despertada."

Hope sintió un escalofrío, pero siguió leyendo. Las palabras parecían vibrar en la página, como si el propio libro respirara bajo su tacto.

El texto contaba la historia de los Valcourt, un linaje antiguo, marcado por el poder y la oscuridad. No eran humanos, al menos no del todo. Los Valcourt habían sido conocidos como vampiros, pero su verdadero poder iba más allá de eso: eran Somniferae, seres capaces de entrar en los sueños, manipularlos y dominarlos. Se decía que podían convertir los sueños más inocentes en pesadillas, o tejer ilusiones tan vívidas que las mentes débiles no podían diferenciarlas de la realidad.

TEACHER -HOPE MIKAELSON-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora