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Hope apenas sabía cómo se sostenía en pie

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Hope apenas sabía cómo se sostenía en pie. Sus rodillas temblaban, su boca sangraba, y frente a ella, Catalina era todo lo que no debía desear: un desastre envuelto en poder, oscuridad y sensualidad.

La mirada de Catalina la desnudaba por completo.
Iris rojo encendido, el resto del ojo negro como un eclipse.
Hope sintió el corazón martilleándole el pecho.

—¿Te duele? —susurró Catalina, y su voz tenía ese tono grave, delicioso, que parecía arrastrar fuego por cada sílaba.

Hope abrió la boca para responder, pero Catalina no esperó. Le sostuvo la cara con una mano, dedos firmes, piel caliente, y la besó con fuerza brutal. Un beso húmedo, hambriento, impaciente. El sabor de la sangre activó algo más primitivo, algo salvaje. Catalina gruñó al probarla, y Hope sintió un estremecimiento bajar directo hasta su vientre.

—Mierda... —susurró contra sus labios, y Catalina la besó más profundo, empujándola contra la pared de piedra.

Hope jadeó, arqueando la espalda al sentir la frialdad de la piedra tras ella y el calor del cuerpo de Catalina al frente. La sensación era un contraste exquisito. Intentó moverse, tomar aire, decir algo, pensar, pero Catalina no se lo permitió.

—No vas a escaparte —dijo, con la boca aún sobre la suya—. Hoy... eres mía.

Y entonces la mordió.

Un mordisco feroz en el labio inferior que hizo que Hope gimiera fuerte, temblando, aferrándose con ambas manos a la camisa de Catalina. Rasguñó su pecho, primero sin querer, luego con intención. La tela se estiró bajo sus dedos, y cuando Catalina soltó un gruñido ronco, Hope volvió a hacerlo. Esta vez más fuerte. Rasguñó. Marcó. Como si necesitara dejar prueba de que estuvo ahí.

Catalina la empujó más contra la pared, su rodilla se coló entre las piernas de Hope, obligándola a abrirse. El cuerpo de Hope reaccionó con un espasmo de puro deseo.

—Estás temblando —dijo Catalina, divertida, mirándola como si la tuviera rendida a sus pies.

—No tengo miedo —dijo Hope, aunque su voz tembló.

Catalina soltó una risa baja, peligrosamente sensual. —No dije que tuvieras miedo.

Volvió a besarla, pero esta vez no fue solo la boca. Su lengua bajó por su mandíbula, lamió la sangre seca que manchaba su piel, y Hope se arqueó, gimiendo fuerte. Catalina le arrancó un suspiro y le dejó un mordisco en el cuello, justo debajo de la oreja. La marca ardía.

Hope llevó una mano a su espalda y rasguñó, con fuerza, de arriba hacia abajo. Catalina soltó un gruñido gutural, y cuando volvió a besarla, lo hizo como si el mundo fuera a acabarse.

—Catalina… —susurró Hope, con la voz ronca, entre gemidos, apenas consciente de su propio nombre.

—Dilo otra vez —dijo Catalina, lamiéndole la comisura de los labios—. Dilo con esa vocecita.

TEACHER -HOPE MIKAELSON-Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora