09

456 69 11
                                        

Hope se detuvo en la puerta del aula, sus dedos aún aferrados al pomo con más fuerza de la necesaria

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Hope se detuvo en la puerta del aula, sus dedos aún aferrados al pomo con más fuerza de la necesaria. Había llegado demasiado temprano, y lo sabía. No tenía por qué estar ahí todavía, pero algo dentro de ella la había empujado en esa dirección sin darle oportunidad de resistirse.

Entonces, lo sintió.

El aire estaba impregnado de un aroma oscuro, rico y envolvente. Un perfume sutilmente especiado con un trasfondo de algo más profundo, algo puramente instintivo. Hope no necesitaba ver para saber de quién se trataba. Catalina Valcourt estaba en el aula.

El corazón le dio un vuelco, aunque no era nerviosismo lo que sentía. Era algo más visceral, más primitivo. Sus pupilas se dilataron, sus sentidos se afilaron, y de repente, todo lo demás dejó de importar.

Dio un paso dentro, cerrando la puerta tras de sí con un leve chasquido. Su respiración se volvió más pausada, más controlada, mientras dejaba que su naturaleza híbrida tomara el control de sus percepciones.

Podía escuchar el ritmo lento y confiado de la respiración de Catalina en la habitación. Cada inhalación medida, cada exhalación como una invitación silenciosa. Y luego estaba su sangre.

Hope se humedeció los labios, su lengua rozando por instinto la punta de uno de sus colmillos apenas emergentes. Su sangre fluía bajo su piel con una cadencia perfecta, fuerte y firme, como el latido de un tambor que marcaba el compás de algo peligroso.

El deseo la golpeó sin advertencia, un anhelo afilado que le erizó la piel. No era solo deseo de tocarla, de tenerla contra su cuerpo, sino algo más oscuro y prohibido. Hope cerró los ojos, inhalando más profundo, dejando que el aroma de Catalina llenara sus pulmones. Quería morderla. Quería hundir los colmillos en su cuello y saborearla.

Su mandíbula se tensó, sus manos se cerraron en puños a los lados de su cuerpo, intentando sofocar el impulso. Pero era inútil. La necesidad ardía dentro de ella, quemándole la garganta como fuego líquido.

Dio un paso más, su cuerpo moviéndose por puro instinto.

El roce de su ropa, el leve crujir de la madera bajo sus botas, el latido acelerado en su propio pecho… todo se sentía amplificado, como si el universo entero la estuviera empujando hacia un destino inevitable.

Entonces, la voz de Catalina rompió el aire como un golpe seco:

—¿Te gusta lo que ves, Mikaelson?

Hope abrió los ojos de golpe.

Y ahí estaba ella.

Recostada con indolencia contra su escritorio, con los brazos cruzados bajo el pecho, su postura relajada pero cargada de una arrogancia natural que parecía moldeada en su misma esencia. Su mirada oscura y calculadora la examinaba con una diversión apenas contenida, como si hubiera estado esperando exactamente esto.

Hope tragó en seco, sintiendo su garganta repentinamente seca.

Sí. Le gustaba demasiado.

Hope la miró de arriba abajo, con la intensidad de un depredador al acecho. Su postura cambió sutilmente: sus hombros se relajaron, su respiración se volvió más lenta, más controlada, pero su mirada seguía fija en Catalina, siguiéndola con precisión, absorbiendo cada pequeño detalle.

Se relamió los labios, sintiendo la forma de sus colmillos emerger apenas, afilados y hambrientos. No era su lado vampírico el que los había convocado, sino su lobo. Su sangre hervía, llamando a su naturaleza más salvaje, esa que no podía sofocar cuando Catalina estaba cerca.

Catalina notó el cambio de inmediato y sonrió con esa expresión suya que siempre parecía bordear entre el desafío y la diversión.

—Oh, Mikaelson… —murmuró con un deje de burla mientras se enderezaba lentamente.

Su risa fue baja, vibrante, peligrosa. Y entonces, con una calma exasperante, deslizó su chaqueta de sus hombros. Lo hizo sin apuro, con una delicadeza casi insultante, como si estuviera provocándola a propósito.

Hope sintió un escalofrío recorrer su espalda.

La prenda cayó al respaldo de su silla con un susurro de tela, pero la atención de Hope ya estaba en otra parte. Sus ojos, ahora brillando de un dorado feroz, siguieron cada uno de sus movimientos, incapaz de apartar la vista.

Podía escuchar el ritmo sereno del corazón de Catalina, podía oler la sangre caliente fluyendo bajo su piel, podía sentir la presión del deseo creciendo dentro de su propio cuerpo como una tormenta desatada.

Catalina inclinó la cabeza, divertida.

—Parece que alguien está teniendo un pequeño problema de control —comentó con fingida preocupación, aunque la sonrisa en su rostro la delataba.

Hope entrecerró los ojos, su mandíbula apretándose.

—Tú… —su voz salió más baja, más grave—. No ayudas.

Catalina alzó una ceja, disfrutando demasiado la reacción de Hope.

—¿Y quién dijo que quería ayudarte?

Hope sintió cómo su paciencia se desmoronaba. No era solo la provocación en las palabras de Catalina, no era solo el descaro con el que la desafiaba… era todo. Su presencia, su actitud, su aroma. Todo en ella la llamaba, la tentaba, la retaba a hacer algo que no debía.

Su mano se alzó por puro instinto y atrapó la muñeca de Catalina en el aire. Su piel estaba cálida bajo sus dedos, su pulso constante. Hope se inclinó apenas, acercándose lo suficiente para que sus labios quedaran a centímetros de su cuello.

—Dime que pare —susurró, su aliento rozando la piel de Catalina—. Dime que esto no te gusta.

Catalina sonrió con suficiencia.

—Me encanta, lobita.

Hope gruñó, su agarre en la muñeca de Catalina se tensó un poco más. Su autocontrol pendía de un hilo.

Catalina no se movió, no retrocedió. En cambio, inclinó su rostro hacia Hope, su sonrisa aún presente cuando sus labios apenas rozaron el lóbulo de su oreja.

—Adelante, Mikaelson… —murmuró con provocación—. Muestra lo que realmente eres.

Hope cerró los ojos con fuerza, su respiración pesada, su lobo rugiendo dentro de ella. Su corazón latía frenético, su cuerpo ardiendo en una batalla interna entre el instinto y la razón.

Y Catalina solo sonreía, porque sabía que estaba ganando.












N/A

Queeeee, pura tensión aquí

¿Qué les parece?

Díganme que opinan.

Estoy encantado con esta historia

Recuerden que las actualizaciones dependen de ustedes, si siguen apoyando y comentando como lo están haciendo, tendrán capítulos casi todos los días.

Besos

Disfruten.

TEACHER -HOPE MIKAELSON-Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora