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Catalina estaba sola en su oficina

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Catalina estaba sola en su oficina. Otra vez.

La luz del atardecer entraba tímida por los resquicios de las cortinas, tiñendo el aire de un dorado apagado, como si el mundo mismo quisiera hablar en voz baja. El silencio era casi absoluto, roto solo por el tic-tac de un antiguo reloj de pared y el ocasional crujido de la madera vieja del escritorio.

Sentada en su silla, con los codos apoyados sobre el escritorio y las manos entrelazadas frente a sus labios, Catalina intentaba concentrarse en los papeles frente a ella. Ensayos, informes, notas... todo lo que normalmente le ofrecía la excusa perfecta para mantener su mente ocupada, ordenada, bajo control.

Pero no ahora. No después de lo que había pasado.

No después de lo que casi pasó.

El roce de unos labios que todavía sentía. Las manos de Hope aferradas a su cintura, las respiraciones compartidas, rápidas, irregulares, cargadas de una necesidad que no podía negar. La forma en que los ojos dorados de la Mikaelson brillaban cuando la deseaba. Todo eso... la perseguía.

Y la peor parte no era el recuerdo.

La peor parte era que no había llegado al final.

Catalina se recostó en su silla y cerró los ojos. Apoyó la cabeza hacia atrás, exhalando con fuerza, como si eso pudiera liberar la tensión que sentía en cada fibra de su cuerpo.

Sólo fueron besos.
Eso se repetía como un mantra inútil.

Pero no había sido solo eso. Fue la forma en que Hope la miró. Fue cómo la desafió. Fue cómo sus cuerpos encajaron, como si ya hubieran recorrido ese camino en sueños.

Catalina apretó los muslos, inquieta, sintiendo la energía contenida que su propio cuerpo no lograba apagar.

Había querido más. Lo sabía.
Hope también.

Y de no haber sido por ese maldito golpe en la puerta... por la interrupción repentina de Alaric con alguna excusa cualquiera, las cosas se habrían salido de control.

Habrían cruzado la línea.

Catalina se incorporó con fuerza, apartando los papeles como si la estorbaran. Caminó hasta la ventana y abrió las cortinas, dejando que la luz de la tarde invadiera la habitación. Se apoyó en el marco, mirando hacia los jardines, vacíos a esa hora.

Todo en ella vibraba de frustración. No por el deseo insatisfecho. No solo por eso.

Era por Hope. Por lo que significaba.

La hija de Klaus Mikaelson. Poderosa. Impulsiva. Peligrosamente hermosa.

Y su alumna.

Catalina cerró los ojos, respirando profundamente, recordando el último beso. No había sido suave. Había sido como un incendio. Y aún podía sentir el leve ardor donde Hope le había mordido el labio, ese instante de locura compartida.

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⏰ Última actualización: Jul 31, 2025 ⏰

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