04

539 70 7
                                        

El tenue resplandor del amanecer apenas asomaba por el horizonte cuando Catalina Valcourt abrió los ojos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El tenue resplandor del amanecer apenas asomaba por el horizonte cuando Catalina Valcourt abrió los ojos. La suave luz filtrándose por las cortinas dejaba destellos dorados en las paredes de su apartamento. Todo estaba en completo silencio, excepto por el leve tic-tac de un antiguo reloj de pared. Catalina respiró hondo, sintiendo el frescor de la mañana que se colaba por la ventana entreabierta.

Sin prisa, se sentó al borde de la cama, estirando los brazos hacia el techo mientras un suspiro escapaba de sus labios. Su cabello oscuro caía desordenado sobre sus hombros, pero incluso en la simplicidad de ese momento, irradiaba una elegancia natural. Con pasos descalzos y silenciosos, cruzó el piso de madera hasta la cocina.

El apartamento era amplio pero sobrio, decorado con tonos oscuros y detalles antiguos que hablaban de un gusto refinado y atemporal. Una estantería repleta de libros antiguos ocupaba toda una pared del salón, y sobre la mesa de centro descansaba un libro abierto, marcado con un delicado separador de cuero.

Catalina encendió la cafetera, dejando que el aroma del café recién hecho llenara el aire. Mientras esperaba, sacó de la nevera algunos huevos y frutas. Con movimientos ágiles, preparó un desayuno simple: huevos revueltos con espinacas y tostadas integrales. Servirse con delicadeza era parte de su rutina, como si cada detalle mereciera atención.

Sentada junto a la ventana, con una taza de café entre las manos, dejó que sus pensamientos vagaran. Su mirada se perdió en el paisaje brumoso de Mystic Falls, un pueblo que parecía tranquilo, pero que guardaba secretos en cada rincón. Catalina sabía bien que la calma de la superficie ocultaba tormentas subterráneas.

Terminó su desayuno sin apuro, dejó los platos en el fregadero y se dirigió a su habitación. Se recogió el cabello en una coleta alta, ajustó sus auriculares y se puso unas mallas deportivas negras junto con una sudadera oscura. Catalina prefería comenzar sus días con una carrera, no solo para mantener su cuerpo ágil, sino también para despejar su mente.

Al salir del apartamento, el aire frío de la mañana la envolvió. La ciudad aún dormía, y sus pasos resonaban sutiles sobre la acera. Catalina tomó rumbo hacia el bosque cercano, donde los árboles se alzaban como sombras alargadas entre la neblina.

Su respiración se acompasaba con el ritmo constante de sus zancadas. El sendero serpenteaba entre árboles altos, y cada inhalación llenaba sus pulmones con el aroma de tierra húmeda y hojas frescas. A pesar del silencio del entorno, Catalina estaba alerta. Siempre lo estaba. Sus sentidos estaban afinados, percibiendo el más leve crujido de ramas o el susurro del viento.

Mientras corría, su mente regresaba inevitablemente a la noche anterior. Esa sensación latente, esa inquietud que se había encendido tras su encuentro con Hope Mikaelson. La había observado con atención en clase, había sentido cómo la joven intentaba descifrarla. Catalina no era ajena a ese tipo de miradas. Sabía cuándo alguien intentaba ver más allá de lo que mostraba.

TEACHER -HOPE MIKAELSON-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora