La guerra había terminado. La victoria, aunque dulce, dejó cicatrices profundas en el corazón de la Tierra y en el de quienes sobrevivieron.
Mientras el sol nacía sobre ciudades destrozadas y valles teñidos de recuerdos amargos, el mundo miraba hacia el futuro, hacia un renacer lleno de esperanza, pero también de luto.
Cada amanecer era un recordatorio de las batallas libradas, de los amigos perdidos y de los héroes que ya no regresarían.
En cada rincón del planeta, los sobrevivientes comenzaban a reconstruir no solo los edificios, sino sus propias almas.
La tarea era gigantesca, pero en el dolor de la pérdida brotaba también el coraje de quienes, a pesar de todo, querían seguir adelante.
En París la Torre Eiffel, ahora rodeada de flores dejadas en memoria de los caídos, se alzaba como un monumento a la resistencia. Muchos realizaban un homenaje a sus compañeros caídos, en especial a aquellos cuya valentía resonaba aún en los susurros del viento.
Gamora y Natasha, volvieron a la finca de los Alpes, habían quedado que ese sería el punto de reunión de los sobrevivientes, y allí devolverían las espadas para que volviesen a dónde pertenecían.
También habían regresado algunos de los demás vengadores, aunque no todos y aun no estaban seguros, de si su ausencia era cuestión de tiempo o si los habían perdido. Decidieron esperar una noche más para dar tiempo a su llegada y luego todos hablarían, compartirían experiencias, se despedirían y volverían a donde pertenecían.
Ese era el plan.
Tony sabía que la tecnología que había usado en la batalla, no volvería a tener razón de ser o eso esperaba, en silencio, deposito aquella pieza que lo transformaba en reposo, como un tributo a aquellos que se habían marchado.
Sin embargo, si el mundo lo necesitaba de nuevo, volvería usarlo, porque por proteger su hogar era capaz de todo.
A su lado, el dragón lanzó una última llamarada hacia el cielo, un tributo de fuego que iluminó las montañas, prometiendo que, aunque devastado, el mundo volvería a florecer.
Le dijo que se marcharía por un tiempo y que ya no era necesario, pero Tony le abrazo y le dijo que para él, siempre lo seria, era su familia, pate de su corazón y de su hogar. Le deseaba un feliz viaje, un sueño placentero y un pronto retorno.
El dragón le dio una suave caricia y se alejó.
El silencio era solemne Jun, se encontraba solo contemplando el amanecer mientras las primeras luces acariciaban las montañas, de pronto se le unió el dragón dorado Nidhog, el Nefilim, se sentía extraño puesto que la batalla, en parte le había quitado mucho más que la paz; lo había hecho enfrentarse a lo que significaba ser tanto humano, como divino, y las cicatrices, que llevaba en el cuerpo, eran sólo una sombra de las que llevaba en el alma.
Sin embargo, con ayuda de su Alpha, estaba comenzando a sanar, había estado solo antes que el dragón se uniera a él, pero al mismo tiempo no lo estaba, porque sentía la presencia protectora de Fenrir en él, en cómo le había impregnado con su aroma y en el lazo psíquico, que compartían después de la mordida.
Él mismo no se creía que se hubiera dejado marcar tan rápido, casi sin pensarlo, esa noche mientras se apareaban y gozaba más que nunca en su vida sintiéndose realmente deseado y amado Fenrir le había a besado y lamido el cuello y le había pedido permiso para poner su marca, entonces le dijo sí sin siquiera pensar solo dejándose llevar por sus instintos y la marca se dio, así que ahora estaban enlazados y podía sentirlo con él.
─El lamento de Sigfrid se ha desmoronado, y ha cobrado su precio, su portador sufre el castigo, pero al mismo tiempo su alma se ha liberado, ahora ya no siente culpa o remordimiento, sus cuentas fueron saldadas y tendrá una eternidad de paz, se reencontrará con quienes ama.
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Soulmate
FanficDicen por allí que el tigre no nace con garras, que el hombre no nace con maldad en el corazón y que a veces los acontecimientos transforman un alma noble en puro hielo. Todo villano tiene su origen y su motivo. Cuentan las leyendas que las razas...
