Capítulo 40: Nacidos en guerra.

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Bueno lo prometido es deuda, aquí tiene el segundo capítulo de esta semana, y nos vemos la próxima. 

O eso espero.



El Nephilim cortó la plática con su destinado, aunque no quería, pero era hora de ayudar a su "hijastro" desapareció de inmediato.

Fenrir sabía que fue a ver a Tony, el momento había llegado. En el campo de batalla, Steve, se congeló. Pudo sentirlo, aquel golpe de dolor en su pareja. Tony estaba sufriendo.

−Están por nacer, ve con él. Niddhog, Peter y yo nos encargamos.

Dijo Fenrir, antes de retomar su forma Lobuna. Era hora de combatir, no de ver dramas familiares, pero algo en él, le dijo que aquello había sido lo indicado, liberado su corazón y mente podía centrarse más y mejor, podía dar una mejor pelea. La fuerza se arremolinaba en él, el poder, la magia, los poderes primigenios de su raza haciendo una espiral de energía concentrada que se enfocó en sus enemigos.

Sin la cadena se sentía tan libre, tan poderoso, era como si él sólo bastase para derrotar a todos los enemigos.

Yun, se había materializado en la habitación de Tony, donde el moreno había dejado de operar sus máquinas delegando el control de la legión de Hierro a Arsenal, pues se dio cuenta de que no podría continuar debido al terrible dolor que le tenía casi llorando. Su frente comenzaba a perlarse de sudor y jadeaba. Trataba de calmarse y respirar, pero el dolor era insoportable. Noto un fluido húmedo deslizándose por sus piernas. El momento había llegado y tenía miedo, mucho miedo, no estaba en un hospital y afuera todavía quedaban muchos enemigos por combatir. Llevo protectoramente sus manos a su vientre.

−Tony, calma, te ayudare.

Dijo el Nephilim, acercándose a él, al mirarlo Tony, sintió un ligero alivio.

−Yun...Necesito ayuda.

−Shhh lo sé, calma.

−Steve...

Llamó entre gemidos de dolor y temblores, Yun le abrazo con cariño y trato de estabilizarlo, pues notaba que ese momento era duro para el castaño.

−Está combatiendo, pero seguro vendrá pronto.

Respondió el ángel, y nada más decirlo y el rubio irrumpía en la habitación mirando a Tony con amor y temor a la par, temor de perderlo, temor de que algo saliera mal, temor de verlo sufrir y no poder hacer nada. Y amor por que era su omega, su hermoso omega a punto de dar a luz a sus pequeños.

− ¡Tony!

−Steve...Duele...

− ¿Qué debo hacer?

Preguntó a Yun, mientras se acercaba más a Tony y tomaba su mano aferrándose entre las suyas.

−Háblale, cálmalo, hazle sentir que estas con él, necesita la conexión con su alfa, yo me encargo de lo demás.

Steve asintió, se dedicó a traspasarle su energía a Tony, por medio del vínculo alfa omega para tratar de calmarlo, le susurraba palabras de consuelo y amor mientras Yun, maniobraba. Tony aún se quejaba por el dolor. No se suponía que los niños nacieran ahora, apenas y había pasado una semana de los siete meses. No era justo.

Estaba asustado y preocupado además dolido. Sabía que ese era el peor momento para ponerse en labor de parto, pero no podía evitarlo, la fuente se le había roto y las contracciones habían comenzado.

−Quiero una cesarea, necesito a Brucie yaaa...

−Lo siento Tony, tendrás que conformarte conmigo, no soy en sí médico, pero si he hecho de partero.

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