14

252 64 50
                                    

POV

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

POV. Min Yoongi.

Podía escuchar claramente su respiración, él dormía profundamente, su pecho subía y bajaba con lentitud y sus labios estaban ligeramente abiertos. Me mantuve quieto, él me rodeo con su brazo, y dejó su cabeza reposar sobre mi pecho.

Extrañamente su cercanía no era una molestia, pero ¿Por qué? ¿Por qué no me resultaba molesto?

Y luego pasó aquello. Le había dicho la verdad, nunca me había interesado ningún hombre, pero él me resultó bastante interesante.

La imágen de sus labios abultados alrededor de mi miembro vuelve a mi cabeza, la manera en que succionaba y gemía en el proceso; fue una jodida locura.

— Quiero joder más que tu boca — susurré contra sus mechones rojizos.

No dormí demasiado, me mantuve atento a la puerta y al cabo de unas horas Jin apareció bajó el lumbral, luciendo exaltado.

Me levanté con cuidado de no despertarlo, y salí de allí antes de ser descubierto. Luego de volver a mi habitación —ya casi al amanecer— me permití dormir un poco; ordenar mis pensamientos y buscarle la razón a mis acciones.

[♣♣♣]

Me mantuve en silencio, en espera de mi turno. No me gustaban las terapias conversacionales, siempre eran las mismas mierdas.

«Las mismas preguntas. Las mismas respuestas».

Cuando ví la chica pelinegra salir supe que era mi turno, así que me levanté y me adentré al consultorio.

— Buenos días — Habló el Dr. Wang, sin apartar la vista de su libreta —. ¿Estás listo para tu terapia?

Afirmé con un ligero ruido de mi garganta.

Me acerque hasta la silla que estaba frente a su escritorio y me deje caer, adoptando una postura desinteresada, con mis piernas un poco separadas y mis brazos cruzados sobre mi pecho.

De repente, el Dr. Wang sacó de su cajón unas fotografías.

— ¿Cómo consiguió estás fotos? — Exigí saber, mirando con atención las fotografías de mi madre y mías.

— Es parte de tu terapia — respondió —. Hablaremos de tu madre — fue lo que dijo, y me dió una de las malditas fotografías, una en la que mi madre estaba de pie junto a un pequeño tobogán y yo estaba aferrado a su pierna izquierda.

No sé cuánto tiempo pase dentro del consultorio del Dr. Wang. Las preguntas sobre mi madre eran directas y crudas, creando una maldita vulnerabilidad en mis emociones. Me dije muchas veces que debía de dejar el pasado a atrás, pero eso jamás lo logré.

Placebo [Sope] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora