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Mi corazón estaba latiendo muy rápido. No podía creer todo lo que había hecho con él. ¿Realmente estaba enloqueciendo? Había tenido sexo con Min Yoongi, y no me había disgustado para nada, de hecho, me encantó.
La parte racional de mí sabía que estaba mal, muy mal. No podía dejar de pensar en las posibles consecuencias que traería mis acciones.
Aún así, me encontraba caminando detrás de él, con mi mano aferrada a la suya.
— Agáchate — me susurró.
Obedecí.
Caminamos a pasos rápidos por el corto pasillo hasta llegar a la habitación en dónde estaba la ventana abierta.
— ¿Cuánto tiempo crees que durará el apagón? — le pregunté, cortando el silencio que me incomodaba.
— No lo sé. Pero no puedes quedarte a averiguarlo.
— No pretendía hacerlo.
Escuché la ronquera de su risa baja.
— Hasta aquí está bien — solté su mano —. Tienes que volver rápido... Ni siquiera debías acompañarme — «es arriesgado».
— No te preocupes por mí — volvió a tomar mi mano y me guío a la ventana —. Será una caída corta, asegúrate de no torcerte el tobillo — bufo con burla.
— ¿Me crees un idiota?
— Te acostaste conmigo — dijo, con una voz grave, y sus ojos se clavaron en los míos.
Sentí como mi estómago se estrujaba y los dedos de mis manos me cosquilleaban.
Quería responderle, pero escuché un intercambio de voces cerca de la ventana. Yoongi hizo un gesto con su dedo índice cerca de sus labios y luego un sonidito de "shh" salió de ellos.
— Ve por está área, yo buscaré entre los arbustos del patio principal — escuché la voz masculina. Hubo otro intercambio más y después el silencio volvió.
Apreté con fuerza mis labios, de pronto mis manos comenzaron a temblar y mi pecho subía y bajaba a un ritmo descontrolado.
«Me descubrieron»
Sentí como si todo mi cuerpo se heló...
Justo ahora, yo estaba teniendo un episodio de pánico.
— Ya se fueron — escuché la voz de Yoongi —, si saltamos ahora podremos llegar al edificio principal y... — Chasqueo su lengua y me miró — tranquilo Hoseok — acunó mis mejillas — respira profundo y
— ¿Qué pasará si me descubren? — lo interrumpí, aunque ya yo conocía la respuesta.
— No lo harán — me aseguró —. Saltamos y corremos — habló con tranquilidad.